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Vista desde el Campo IV hacia la India

Vista desde el Campo IV hacia la India

Tras enfrentarnos a esta montaña sin tregua, para mí la más dura del mundo, desde ayer descansamos en el Campo Base. Es una alegría y una satisfacción enorme el haber vivido lo vivido, el haber sentido tantas emociones allá arriba, en lo alto del Kangchen. Me encuentro muy bien, cansado, pero muy contento.

 

La bajada fue muy dura. Alberto y Miguel salieron a buscar a Edurne Pasaban desde el Campo IV para tratar de ayudarla. Descendía con verdadera dificultad, pero afortunadamente ella y todo su equipo lograron alcanzar ayer el Campo Base y esta misma mañana, Alex Txicón y Pasaban han sido evacuados en helicóptero para ser inmediatamente llevados a Katmandú y agilizar su traslado a España.

 

Julen y Oscar están tratando de alcanzar hoy la cumbre, aunque todavía es pronto para tener noticias de si lo han logrado o no. Mientras tanto, el resto del equipo descansamos, del cansancio físico y de tanta intensidad emocional. La aventura, el regalo de estar entre las paredes de esta colosal montaña está llegando a su fin, aunque aún queda el descenso a Katmandú. Me gustaría realizarlo a pie, así que descansaremos lo suficiente para afrontar la marcha de cinco o seis días que nos separa de la ciudad.

 

Es difícil explicar qué supone estar a esas alturas, cuando avanzas hacia la cumbre. Cada paso es un dolor. Pero todo el apoyo que he sentido, que he recibido a través de vuestros mensajes, me han dado fuerza. Una vez más, muchísimas gracias.

 

(Información redactada a partir de una llamada de Patxi Goñi a la Oficina de Pamplona 2016, esta mañana a las 8.50h, hora española, 12.50h en Nepal)

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Tras una larga y dura ascensión de más de ocho horas, nos encontramos a 7.800 metros, a punto de tocar el cielo. Hace apenas una hora, hemos alcanzado el Campo IV y ya hemos instalado la tienda en la que ahora me encuentro, refugiado del fuerte viento que nos ha obligado a retrasar un día el ataque a cumbre.

Como la nuestra, la expedición coreana y la de Al Filo de lo Imposible (no así la de la italiana Nieves Meroi, que se ha retirado) esperan en este Campo IV a que las previsiones meteorológicas, que vaticinan buen tiempo para mañana, se cumplan.

Comparto cansancio y tienda con Juanjo Garra, Miguel Fernández y Koke Lasa, mientras que en la tienda contigua se encuentran Alberto Zerain y Kinga Baranowska. Se nos ha hecho durísimo llegar hasta aquí, sobre todo por el gran peso con el que cargábamos, pero nos sentimos muy bien de ánimo.

Mañana a estas horas, quizá hayamos descubierto esos “cinco tesoros” con los que tantas veces hemos soñado.

(Información redactada a partir de una llamada de Patxi Goñi a la Oficina de Pamplona 2016, a las 16h de esta tarde)

Ascendiendo al Campo III entre "terrones de azúcar"

Oscar Cadiach, ascendiendo en 2007 al Campo III entre "terrones de azúcar" (Foto: Patxi Goñi)

Aunque sufriendo más de la cuenta, ya hemos alcanzado los 7.200 metros del Campo III. No sé por qué nos ha costado tanto llegar, tal vez a consecuencia de las bajas presiones. Pero el sufrimiento y el cansancio han sido la tónica general del día entre todos los miembros de las expediciones que nos encontramos aquí: la nuestra, una coreana, la de la italiana Nieves Meroi y el grupo de Al Filo de lo Imposible.

 

Las nevadas de la última semana han cubierto casi por completo nuestras huellas y resulta durísimo ascender por esos escalones de nieve que guardan gran distancia unos de otros. De todos modos, Koke, Juanjo y yo hemos hecho una cordada muy bien avenida y estamos satisfechos.

 

Tras una hora recuperando fuerzas, nos sentimos bien y de buen ánimo. Desde que salimos del Campo Base el tiempo ha mejorado mucho y tan sólo ha nevado durante diez o quince minutos, pero lo hemos aguantado muy bien porque no hacía frío. En este momento disfrutamos de un paisaje de extraordinaria belleza, con las nubes a cincuenta metros bajo nuestros pies, mientras la cima del Kangchen nos contempla totalmente despejada. Es espectacular.

 

Mañana partiremos al que será nuestro campo IV y que instalaremos a unos 7.600m. No es mucha la diferencia en metros respecto a nuestra posición actual, pero será un tramo bastante duro. Primero atravesaremos una cascada, sinuosa y con grandes grietas, hasta llegar a una planicie inmensa en la que progresivamente aumenta mucho la inclinación. Costará abrir camino. Llevaremos una tienda ligera y comida suficiente para dos días, que es lo que en principio tardaremos en subir hasta la cumbre y bajar al IV a dormir.

 

El sol se esconde a una velocidad estratosférica, así que en poco rato nos meteremos en el saco. Hay que descansar porque los próximos dos días prometen ser muy intensos.

 

Patxi hacia el C.III

Patxi hacia el C.III

 

 (Esta información ha sido redactada a partir de una llamada telefónica de Patxi Goñi a la Oficina de Pamplona 2016, a las 10h de la mañana de hoy, hora española)

Esta mañana ha salido el sol y con él nos hemos puesto en marcha todo el grupo. El miedo a la llegada de un nuevo temporal de nieve, previsto para el lunes 18, nos ha dado el impulso final. Hemos comenzado el ataque a la cumbre del Kangchenjunga.

Asciendo en compañía de Koke Lasa y Juanjo Garra. Me encuentro cansado, porque tras alcanzar los 6.200m del Campo I, hemos tenido que cavar durante media hora hasta lograr que la tienda de campaña, que semanas atrás habíamos instalado, reapareciera de debajo de la nieve.

En breves momentos retomaremos la marcha; no hay tiempo que perder, porque ya es la una de la tarde y todavía tardaremos unas cuatro horas en llegar al Campo II, donde pasaremos la noche. Hemos cogido algo de material y comido un poco, lo suficiente para continuar adelante. Ahora más que nunca, se agradece saber que seguís todos ahí.

(Información redactada a partir de una llamada de Patxi Goñi a la Oficina de Pamplona 2016, esta mañana a las 9h, hora española)

C.II a 6700m. Nuestra tienda es la de la izda.

C.II a 6700m. Nuestra tienda es la de la izda.

Desde que el día 7 dejáramos montado el C.III a 7200m de altitud y regresáramos al Base, el tiempo (climatológico) no ha dejado de darnos muestras de su potencial. Parece como si jugara con nuestra paciencia y con  nuestro ánimo. Nieva casi continuamente. A veces nos deja entrever, entre las nubes, la pirámide rocosa de la cumbre, espolvoreada por la nieve recién caída, como en un guiño para que no desesperemos, para que sigamos aquí, sumisos a sus caprichos, porque puede que, un día de estos, nos deje acercarnos a esa cumbre que tanto deseamos.

 

 

Como digo, está jugando con  nosotros. Intento comprenderlo; el Kangchenjunga y el gran Dios que habita en sus cinco cumbres nos observan desde su privilegiado trono, y me los imagino partiéndose de risa al vernos hacer nuestras cábalas, circunspectos nosotros: “ Mañana C.II, el otro C.III, otro más y C.IV, al otro puede que cima…”. Se nos ríen, lo sé pero, es posible que en un momento de condescendencia dejen que alguno de los que pululamos a sus pies maldiciendo tanto día de mal tiempo, pongamos en la balanza aquello que hemos venido a ofrecer de nosotros mismos, y ¡quién sabe!, sea suficiente como para dejarnos acercar nuestros agostados pulmones y ofrecer nuestros últimos y temblorosos pasos en esa cima jamás hollada.

 

Yo, sinceramente, espero estar allí cuando ese bravucón y malhumorado Dios Indú pide credenciales a puertas de esa gran cumbre. Espero estar allí por mí, por Iñigo, por la gente que me apoya, porque por eso estoy aquí mirando todos los días ese lugar donde descansa mi amigo, incapaz de ir hasta allí porque la naturaleza me ha impuesto demasiadas limitaciones como para hacerlo; uno de los grandes atractivos del alpinismo. Y si no puedo hacerlo, volveré a casa y me abrazaré a mi gente. ¡Qué gran recompensa!

(Email de Patxi Goñi recibido en la Oficina de Pamplona 2016, hoy a las 2:24h de la madrugada, hora española)

Campo II

Montando el Campo II, a 6.700 metros.

Montando el Campo II, a 6.700 metros.

Día 29:

La montaña está bastante cambiada tras una seca estación invernal. Sin embargo, el paisaje desde los 6.700m del C.II es exactamente el mismo, calcado del que disfrutaron mis ojos en el 2007. Es más, se diría que sigo inmerso en aquella expedición si no fuera porque, al mirar a mis compañeros, veo a Koke en vez de a Oscar, a Juanjo en vez de a Julen… y un gran vacío en vez de a Iñigo.

Mis dos compañeros y yo hemos salido del C.I y, tras atravesar la lengua glaciar que desciende de la gran cascada de hielo, hemos trepado por ella como gatos (por algo hay un Lumbierino en el grupo) y en 4h 15´ nos hemos encaramado encima de uno de los cientos de Seraks que la adornan.

Comer poco, beber un poco más (nunca lo suficiente) y, después de descansar un poco, pues eso, ¡a cavar! Nos vamos relevando los tres con las palas y tras más de una hora de jadeante trabajo, ya tenemos plantada nuestra tienda V.25. “El campo II ya está montado”.

Satisfechos, nos deleitamos juntos, sin decir palabra alguna, del paisaje único que se extiende ante nuestros turbios ojos, como si parte de él nos perteneciera por el simple hecho de estar aquí. Estoy seguro de que es así. Quien sea capaz de llegar hasta aquí, derramando el suficiente sufrimiento como para estar satisfecho consigo mismo, tiene derecho a un trocito de esta inhóspita tierra.

El anochecer viene cargado de viento, como casi siempre, pero cuando todo queda sumido en la oscuridad, la calma lo acaba invadiendo todo, como preparado para que cada uno de nosotros reflexione internamente sobre la eterna pregunta que siempre nos hacen y os hacemos: ¿porqué estoy aquí?

Pero no hay tiempo para ello. Hay que beber, y mucho, y para ello no hay más remedio que deshacer continuamente nieve, en un ritual que se nos antoja agotador por lo repetitivo, pero que es la clave para poder seguir progresando en estas altitudes.

Nos despertamos, hace mucho frío. Comentamos cómo nos ha ido la noche. Parece que nuestro organismo comienza a asimilar en serio la altitud. No hay problemas de dolor de cabeza y todos nuestros órganos parecen estar en el mismo sitio (aunque alguno más olvidado que otro). Así que, tras recomponer por enésima vez las mochilas, iniciamos un rápido descenso al Base cuando el sol todavía se resiste a calentarnos.

Un corto descanso en el C.I. y nos tiramos en picado al Base cuando el sol ya nos comienza  abrasar. ¡Qué le vamos a hacer!, aquí todo es exagerado: la altitud, el frío, el calor… El sufrimiento. Todo parece estar diseñado para quienes desean vivir momentos únicos, acontecimientos que queden grabados de manera indeleble en la memoria.

Te he visto de nuevo, al doblar la curva de Ramtse hacia Oktang; y creo que me has reconocido…¡no!, estoy completamente seguro. Y lo sé porque nadie que se haya dejado una parte importante de su vida desparramada por tus interminables pendientes de nieve, puede pasar desapercibido a tus ojos, a los ojos de esas cinco brillantes puntas de roca y hielo.

La relación que mantengo con esta colosal montaña es tremendamente paradójica. Por un lado, la experiencia que aquí viví hace dos años en compañía de cuatro amigos me llenó casi por completo, tanto humana como alpinísticamente. Por otro, el vacío que quedó dentro de mí al volver la espalda a la montaña e iniciar el descenso del C.B. no lo he podido llenar todavía, es más, jamás lo haré. Cómo hacerlo cuando a tus espaldas se ha quedado un amigo, atrapado bajo un perpetuo sudario de hielo, a casi 8.000m de altitud.

Al igual que el Kangchen, sé que Iñigo me ha visto llegar. Lo he sentido cuando al fijar mi vista sobre aquel altivo campo de hielo donde descansa, una cascada de incontroladas emociones han acudido a mí. Pero ahora no las quiero controlar, no, quiero emocionarme con su recuerdo, con lo mucho que pasamos juntos en esta montaña interminable.

Sé que habrá días muy difíciles para mí en esta expedición, lo sé desde el momento en que pisé Ramtse. Pero también sé que estoy en el lugar en el que debo estar. Un lugar estéril y mineral sólo en apariencia, porque allá arriba, a casi 8000m, Iñigo me está esperando. Espero tener la suficiente fuerza para llegar hasta allí, coger su relevo y alcanzar esa cumbre que tanto nos dio y tanto nos quitó.

 

El Kangchenjunga, impresionante, anocheciendo

El Kangchenjunga, impresionante, anocheciendo

 

El Campo Base presenta un aspecto muy diferente al de 2007, cuando nos encontrábamos solos a los pies del Kangchenjunga. Ahora somos muchos más: una expedición coreana, otra americana, la española de Al filo de lo Imposible y la nuestra trabajamos para ultimar los detalles de las respectivas ascensiones. También el Kangchen parece otro, más seco; algo que nos va a favorecer. 

 

Me encuentro muy bien, también mis compañeros. La lluvia ha dado una tregua y por fin disfrutamos de algo de sol, aunque ahora es el viento el que sopla con ferocidad a 5.500 metros de altura. Los pocos porteadores de que disponemos siguen yendo y viniendo, del glaciar hasta el Campo Base, para lograr traer el material. Son 400 metros de desnivel, un gran esfuerzo; así que aún habrá que esperar cuatro o cinco días hasta tenerlo todo.

 

El siguiente objetivo es ascender hasta el Campo I, a 6.200 metros, aunque sin hacer noche allí, bajando nuevamente al Campo Base. Hay que aclimatarse poco a poco y, de paso, ir trasladando algo de material.

 

Ya hemos celebrado la puya, la ofrenda a los dioses, moradores de las montañas, que se realiza antes de comenzar la escalada para obtener su bendición. Tengo tantos sentimientos y sensaciones, que me resulta difícil de explicarlo, difícil de asimilar.   

 

 

Encuentro en Nepal

Banderas de oraciones, típicas del paisaje nepalí

Banderas de oraciones, típicas del paisaje nepalí

Ya en Katmandú, tras un viaje largo pero sin complicaciones, y con todos los materiales recibidos, el altísimo grado de contaminación de la ciudad más grande de Nepal le hace temer a uno por su salud.

Las cuestiones burocráticas ocupan gran parte del tiempo. Ayer Miss Hawley, la británica conocida como “la notaria del Himalaya”, recogía los datos de la expedición con su meticulosidad habitual. También en el Ministerio de Turismo daban luz verde a la ascensión de los cinco alpinistas y se les asignaba un oficial de enlace para que les acompañe y se asegure del cumplimiento de todas las condiciones impuestas.

Ante la gran cantidad de templos que acoge la ciudad, es difícil pasar por Katmandú sin visitar ni maravillarse con uno de ellos. La casualidad quiso que ayer, contemplando el Estupa de Boudhanath, una de las pagodas sagradas más importante para los budistas, se reencontraran con Ang Rita, el sherpa que en 1979 acompañó al equipo navarro de Gregorio Áriz hasta la cima del Dhaulagiri. Fue un encuentro emotivo, en el que se habló y recordó aquella ascensión que supuso el primer ochomil para el montañismo foral.


Esta tarde la expedición, a la que se ha unido una alpinista polaca, viajará en avioneta hasta Taplejung. Allí contratarán a los porteadores de altura e iniciarán el trekking. El Kangchenjunga se siente un poco más cerca.

 

(Esta información ha sido facilitada a través de una llamada telefónica del propio Patxi Goñi a la oficina de Pamplona 2016, a las nueve de la mañana del 8 de abril, hora española)