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Campo II

Montando el Campo II, a 6.700 metros.

Montando el Campo II, a 6.700 metros.

Día 29:

La montaña está bastante cambiada tras una seca estación invernal. Sin embargo, el paisaje desde los 6.700m del C.II es exactamente el mismo, calcado del que disfrutaron mis ojos en el 2007. Es más, se diría que sigo inmerso en aquella expedición si no fuera porque, al mirar a mis compañeros, veo a Koke en vez de a Oscar, a Juanjo en vez de a Julen… y un gran vacío en vez de a Iñigo.

Mis dos compañeros y yo hemos salido del C.I y, tras atravesar la lengua glaciar que desciende de la gran cascada de hielo, hemos trepado por ella como gatos (por algo hay un Lumbierino en el grupo) y en 4h 15´ nos hemos encaramado encima de uno de los cientos de Seraks que la adornan.

Comer poco, beber un poco más (nunca lo suficiente) y, después de descansar un poco, pues eso, ¡a cavar! Nos vamos relevando los tres con las palas y tras más de una hora de jadeante trabajo, ya tenemos plantada nuestra tienda V.25. “El campo II ya está montado”.

Satisfechos, nos deleitamos juntos, sin decir palabra alguna, del paisaje único que se extiende ante nuestros turbios ojos, como si parte de él nos perteneciera por el simple hecho de estar aquí. Estoy seguro de que es así. Quien sea capaz de llegar hasta aquí, derramando el suficiente sufrimiento como para estar satisfecho consigo mismo, tiene derecho a un trocito de esta inhóspita tierra.

El anochecer viene cargado de viento, como casi siempre, pero cuando todo queda sumido en la oscuridad, la calma lo acaba invadiendo todo, como preparado para que cada uno de nosotros reflexione internamente sobre la eterna pregunta que siempre nos hacen y os hacemos: ¿porqué estoy aquí?

Pero no hay tiempo para ello. Hay que beber, y mucho, y para ello no hay más remedio que deshacer continuamente nieve, en un ritual que se nos antoja agotador por lo repetitivo, pero que es la clave para poder seguir progresando en estas altitudes.

Nos despertamos, hace mucho frío. Comentamos cómo nos ha ido la noche. Parece que nuestro organismo comienza a asimilar en serio la altitud. No hay problemas de dolor de cabeza y todos nuestros órganos parecen estar en el mismo sitio (aunque alguno más olvidado que otro). Así que, tras recomponer por enésima vez las mochilas, iniciamos un rápido descenso al Base cuando el sol todavía se resiste a calentarnos.

Un corto descanso en el C.I. y nos tiramos en picado al Base cuando el sol ya nos comienza  abrasar. ¡Qué le vamos a hacer!, aquí todo es exagerado: la altitud, el frío, el calor… El sufrimiento. Todo parece estar diseñado para quienes desean vivir momentos únicos, acontecimientos que queden grabados de manera indeleble en la memoria.

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¡Cómo pesa la altura!

La soledad del Campo 1

La soledad del Campo 1

Comenzamos a notar el castigo de la altura. Hemos pasado la noche en el Campo 2, a 6.700 metros y los 400 metros de diferencia respecto al C1 pesan en cada movimiento del cuerpo. El viento y el frío también es mucho mayor, así que hemos estado más pendientes de la garganta y la salud.

Por cuestiones operativas y distintos ritmos en la aclimatación, Koke Lasa, Garra y yo hemos podido dormir en el C2 y ya hemos descendido de nuevo hasta el Campo Base para descansar un par de días o tres y reponer fuerzas. Los demás compañeros de expedición ascenderán hoy hasta el C2 donde pasarán la noche.

A pesar del cansancio, los ánimos y la ilusión no han disminuido y tampoco el buen ambiente del grupo. El tiempo sigue acompañándonos, aunque ya nos ha caído una nevada importante y la diferencia entre el calor del Campo Base y el C2 es considerable.

No contamos con ningún porteador de altura, lo que dificulta la ascensión. De todas formas, el sábado o el domingo, partiremos hacia los 7.300 metros del Campo 3. Probablemente, antes de alcanzar esta meta, durmamos de nuevo en el C2, pero todo dependerá de cómo nos encontremos físicamente.

Las vistas son espectaculares. Me alegra mucho recibir todos vuestros ánimos y agradezco el apoyo que me estáis dando. Es un buen empujón para seguir adelante. Ahora, si me lo permitís, ¡me voy a echar una siesta!

(Esta información ha sido redactada a partir de una llamada telefónica realizada hoy desde el Campo Base, a las 10.30h, hora española, por el propio Patxi Goñi a la oficina Pamplona 2016)