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Estoy en el C.B. oyendo una buena selección de canciones de Sabina. Son las 4 de la tarde y enormes cumulo-limbos ascienden empujados por las corrientes térmicas desde el fondo del valle de Sama. Sus dimensiones son enormes, de varios kilómetros de altitud y han acabado por ocultar las montañas circundantes…pero al Manaslu no, la gran montaña se mantiene despejada.

Sus glaciares destellan incansables en mil y un reflejos que, en estas horas vespertinas, iluminan el Campo Base con unas tonalidades difíciles de explicar…Porque aquí todo se ha vuelto inexplicable:
Por qué una persona (más bien cientos) es capaz de pagar 22000 € para que un porteador sherpa le arrastre montaña arriba, a él y a sus enseres, con el único propósito de conseguir una foto de la cumbre???

Estoy seguro que quienes hacen esto, sufren como todos, de la dureza de una montaña tan dura y exigente como ésta pero, eso…que no logro entenderlo.

Sabíamos de la masificación que atesta en los últimos años a esta solitaria montaña del Nepal, y aun así, aceptamos el reto.

“No será para tanto”, intentábamos autoconvencernos Barraca y quien esto escribe y, a pesar del gran impacto que supuso arribar a este Campo Base, hicimos de tripas corazón y continuamos con la inicial idea de ascender a este morlaco del Himalaya Nepalí.

Jamás creí que mis ojos llegaran a ver el espectáculo que teníamos reservado:

Llegamos al C.I (5800m) al punto de la mañana (somos de los pocos a los que todavía gusta madrugar) y un tapiz multicolor inunda la planicie que corona el pequeño pico sobre el que se coloca el C.I.
A eso de la media tarde comienza el gran espectáculo del Manaslu:
Interminables riadas de sherpas, acompañando a sus clientes, comienzan a llegar y a ocupar los escasos huecos que todavía quedan entre tienda y tienda.

Los sherpas, ya no son porteadores de altura, son auténticas mulas de carga. De los costados de sus enormes mochilas asoman, sin ningún rubor, bombonas de oxígeno, tiendas de campaña enrolladas y colchones cuyo grosor se me antoja de una obscenidad alarmante. Todo es poco para conseguir la total comodidad de quien ha pagado para ello.
Sin saber muy bien cómo, cientos (y cuando digo cientos, me refiero a cientos) de personas atestan este campamento de altura del Manaslu.

A Barraca y a quien esto escribe, se nos empiezan a calentar los cascos. No hay manera de inhibirse de semejante atentado al buen gusto.

El gran problema que altera nuestro ánimo, no es tanto la masificación, que también, cuanto la actitud de nuestros vecinos.
Se han trasladado las comodidades, y lo que es peor, la mentalidad de las ciudades a estos, otrora aislados y solitarios, rincones del Himalaya.
Se han formado calles (seguro que alguna ya tendrá nombre a estas alturas) en la nieve, que separan los diferentes “barrios” de esta mini-ciudad de altura. Incluso hay barrios reservados desde comienzos de septiembre. No es broma. Se han establecido cercados de cuerdas y cañas de Bambú para que nadie coloque allí su tienda.
Han plantado al lado de nuestra pequeña tienda, otra de enormes dimensiones que casi deja en ridículo a las grandes tiendas comedor de C.B.
Escenas a cual más surrealista se van sucediendo ante nuestros atónitos ojos. Se podría decir, sin ningún miedo a errar, que estamos fuera de juego.

A las cuatro de la tarde, cuando el Sol comienza su diario viaje hacia el ocaso, un enorme bulto en movimiento llama poderosamente mi atención:
Un sherpa, con su sobredimensionada carga a la espalda, empuja en su lento avance a su clienta que, vestida de ciudad, apenas tiene reservas para poder llegar a la seguridad de su tienda, previamente instalada.
Su atuendo no puede ser más apropiado: un abrigo tres-cuartos, como el que pueda vestir cualquier señora del mundo en cualquier ciudad del mundo. Eso sí, con la capucha perfectamente calada. No todo iba a ser tan delirante.

No estamos hechos para esto.

Miro hacia la ruta que discurre entre los Campos I y II y la desmoralización ya es completa. Durante todo el día se ve una interminable fila de personas que, bien suben o bien bajan, pero que nadie avanza puesto que, todo cristo pende de la misma cuerda y nadie está dispuesto a abandonar esa línea previamente trazada.

No soy nadie para decidir quién debe y quién no venir a estos lugares, faltaría más. Pero sí puedo decidir, si deseo o no, continuar aquí, formando parte de un espectáculo para el que ya no tengo estómago para digerir…así que nos vamos.
Lo hemos hablado Barraca y quien esto escribe en la imposible intimidad de nuestra tienda del C.I.
Nos vamos del Manaslu.

No escribo estas líneas con la intención de ganarme comentarios de apoyo entre los posibles lectores de estas líneas. Escribo esto, y actuamos de esta manera (Barraca y yo) porque somos libres de hacerlo.
Este sigue siendo uno de los lugares más bellos que jamás haya visto en mi vida pero, nunca me ha valido una cumbre a cualquier precio…¡nunca!
Respeto a todo aquel que se enfrenta a las interminables rampas de nieve que custodian a esta montaña pero nunca me ha gustado la suciedad en la montaña, y ahora, en este otoño del 2018, el Manaslu es una montaña sucia, un vertedero de ambiciones sin medida. ¡Qué pena!

Sé (me consta) que hay gente estupenda que han venido hasta aquí con la esperanza de cumplir su sueño de altura, y es loable. Pero mis sueños de altura siempre viajan de la mano de un sentido ético que me ha formado como alpinista y como persona.
Me voy…nos vamos del Manaslu, tristes con lo aquí visto y vivido, pero sabiendo que es la mejor decisión que podíamos tomar y estamos satisfechos por ello.
Nunca abandonar una montaña nos resultó tan fácil.

Barraca no ha leído todavía estas líneas. Por supuesto, tiene la libertad, si así lo desea, de dejar escrita su versión en este mi humilde Blog.
Temblando estoy.

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VICISITUDES…

Patxicu…. te vamos a llamar Vicisitudes Goñi Lobera…

No vas y rompes el tf satélite¡¡¡¡ en fin….

Más vale que la montaña te ofrece soluciones y tienes contigo a Sergi Mingote, un crac de los ocho miles…. A través de él, y de su mujer Miriam, seguiremos manteniendo línea abierta contigo.

Hemos contactado y nos confirma que ya pasan noche en el Campo I, están todos perfectamente y contentos.

Esperamos crónica¡¡¡

INSTALADO EL C I

El tiempo (climatológico) no se puede decir que nos esté ayudando de especial manera, es más, mientras escribo estas líneas, la lluvia y la nieve, golpean de manera incesante el todo de mi tienda de C.B.
Pero, a pesar de ello, Barraca y yo, hemos exprimido el día de la mejor manera posible y, tras un considerable esfuerzo, hemos alcanzado el emplazamiento del C.I. y ya tenemos instalada nuestra tienda a 5800m de altitud.
Tras plantar la tienda y recuperar un poco el aliento, nos hemos lanzado en picado hacia el C.B. al que hemos llegado envueltos en una pertinaz llovizna que nos ha dejado calados y con el único ánimo de meternos en nuestro cálido y reconfortante saco de plumas, desde ahora escribo estas líneas.
Si el clima mejora, mañana saldremos de nuevo hacia arriba con la intención de pasar 2 ó 3 días y dejar instalado algún otro campo de altura y acomodar nuestro organismo a las inevitables exigencias que la altitud siempre nos reclama.

Tenía ya preparada, lista para enviar, una crónica sobre los días de marcha remontando las selvas que lo cubren todo, desde la pequeña ciudad de Beshisahar hasta más allá de la verde pradera de Bhimtang.

Hablaba, o lo intentaba, sobre un lugar mágico, de una belleza que acaba por inundarte de tal manera que las palabras no son sino un impedimento a la hora de expresar la avalancha de sensaciones que entran por algún extraño conducto, al margen del puramente visual.

Pero todo quedó eclipsado el día 12 hacia el medio día por uno de esos acontecimientos especiales, intensos…, uno de esos momentos que solo pueden vivirse en lugares como este:

La jornada se presenta exigente. Tenemos que pasar del campamento de Bhimtang (3700m) hasta la preciosa aldea de Shamdo (3800m) salvando el collado de Larkia que corona a 5106m de altitud.
La mañana es húmeda y brumosa, después de una noche de intensa y pertinaz lluvia. El sol permanece oculto durante toda la ascensión al altivo collado, lo cual es de agradecer.
Poco antes de alcanzar el paso, el viento comienza a azotarnos y unos finos copos de nieve hacen acto de presencia, como intuyendo el acontecimiento que está a punto de suceder.
Llego al cartelón que indica el nombre y altitud del collado, adornado por las omnipresentes banderas de oraciones Budistas…y llega el bueno de Barraca.
Trae consigo una bolsita que contiene las cenizas de Mikel, un buen amigo suyo fallecido hace escasas fechas.
Parte de ellas ya han sido esparcidas por diferentes puntos de nuestro querido Pirineo y ahora es el Himalaya quien guardará el recuerdo de un buen amigo.

Saco la cámara y filmo la escena. La emoción acude a los dedos de Barraca que apenas es capaz de abrir la pequeña bolsita. El viento arrecia y los copos de nieve azotan nuestros rostros. Veo como las lágrimas humedecen los ojos de Barraca y a mí se coloca un enorme nudo en la garganta.
Las cenizas vuelan con fuerza desde el alto collado empujadas por un viento que, estoy seguro, sabía de nuestra presencia e intenciones.

El amable rostro de mi hermano Ángel destella de repente en mi cabeza. Lo traigo también conmigo para que conozca estos lugares tan especiales que yo ahora le regalo.

Iniciamos el largo descenso hacia Shamdo en silencio, con la cabeza gacha, protegiéndonos del viento y la nieve, saboreando un momento que siempre recordaremos.

 

Barraca lazando las cenizas en el Larkia Pass

Barraca lanzando las cenizas de su querido amigo Mikel.

NOTICIAS PASADAS POR AGUA….

Suena el tf satélite…¡¡¡

Llueve y llueve, el monzón no termina de alejarse y hace un tiempo de perros (dice Patxi literalmente) no han podido sacar el ordenador ni cargar los teléfonos en toda la marcha de aproximación.

Se encuentran en la aldea de Sama, cerca del Collado Larkia , ….a ver si mañana  pueden llegar al Campo Base, ya a 4900 metros.

Están perfectamente y transmite mucha alegría. Además de muy bien acompañados: tres alpinistas polacas… un turco… dos argentinos y otro catalán¡¡¡ vaya cuadrilla… jeje.

Recuerdos a todos y en especial a su familia.

EN CAMINO…

Siete horas de bus por puertos de montaña interminables hasta llegar a Besi Sahar.

Todo el monte está tapizado por un manto de lujuriosa vegetación. El monzón continúa dando sus últimos zarpazos y las abundantes lluvias hacen brillar, de manera especial, los extensos bosques de esta zona baja del Himalaya. Todo, hasta donde alcanza la vista, es un inmenso océano verde que, incapaz ya de absorber el agua de las lluvias monzónicas, nos asalta a cada paso con infinidad de ríos que se precipitan imparables desde las laderas boscosas, cortando aquí y allá la lamentable carretera por la que transitamos.

BESI SAHAR

Manaslu (Otoño 2018)

…no era necesario salir fuera para coger la nieve con la que conseguir una revitalizante taza de té. El viento había ganado la batalla contra la resistencia de la tienda y, tras desgarrarla con sus continuos zarpazos, la nieve se colaba dentro en sucesivas oleadas formando un montón junto a mis pies, en el lado derecho.
El Manaslu es como un pararrayos y había conseguido detener al monstruo, que rugía con furia. Los relámpagos iluminaban kilómetros cuadrados de territorio en la oscura noche. Los truenos hacían que todo se estremeciera a nuestro alrededor, y el viento, infatigable, sacudía sin piedad nuestra tienda, haciendo que el ensordecedor ruido de las telas al ser batidas por éste, nos resultara imposible oírnos a nosotros mismos en el interior de nuestro delicado refugio.
No tenía mas que incorporarme sin salir del saco para recoger la nieve y deshacerla en el hornillo que, funcionando infatigable, nos mantenía calientes, aun cuando los sacos estaban cubiertos de escarcha y rígidos como el cartón.
A mi lado, compartiendo conmigo unos momentos tan difíciles, un auténtico superviviente, un especialista en salir indemne de los vivacs más duros que se han dado en las extremas altitudes del Himalaya: nada menos que Oscar Cadiach.
La situación no era dramática pero, empezaba a ser más que preocupante. Llevábamos dos días con sus largas noches bloqueados a 7500m en el C.IV del Manaslu, en ese collado auténticamente desolador, formado por una enorme extensión de hielo fósil, azul como el color del cielo, y barrido incesantemente por el viento.
Habían transcurrido 30 días desde nuestra llegada al Manaslu y tan solo uno de ellos nos obsequió con la ausencia de la inevitable nevada diaria . La montaña estaba cubierta con casi 2 metros de nieve fresca, productos de las últimas y copiosas nevadas.
La cumbre ya había desaparecido de nuestro horizonte interior. Ni siquiera formaba parte ya de nuestro planteamiento. La única prioridad era salir indemnes de allí y que la montaña no se nos viniera encima durante las interminables horas de descenso hasta el Campo Base.
Esta, y muchas otras cosas, ocurrieron en la primavera del 2010 en esa preciosa y solitaria montaña, situada muy cerca de la frontera de Nepal y El Tibet.
Esa fue mi última visita Nepal, así que, ya ha llegado el momento de volver a ese precioso país que tan hondo se mete dentro de quienes lo hemos frecuentado; y el destino, o quien quiera que decida estas cosas, ha dictado que sea nuevamente el Manaslu el objetivo de nuestros próximos pasos por el Himalaya.
En esta ocasión seremos una cordada básica, elemental…tan solo dos miembros: Jordi Bosch “Barraca” y quien esto escribe.
Allá vamos Manaslu…resérvanos un buen día.

DSCN8633

C.I del Manaslu tras la nevada diaria (Primavera 2010)

 

 

 

¡Menuda fauna!

De nuevo tengo el gusto de incluir en este, mi pequeño espacio en la Red para la comunicación alpina, una de las reflexiones del “Barraca” que, lo sé bien, tanto os agradan.
Uno de los mayores cambios (y más impactante) que se está dando últimamente en las grandes montañas del planeta, es la calidad humana de la “fauna” que está aterrizando por los espacios reservados a los grandes exploradores primero, y grandes alpinistas después, y que no hacen sino desear que éstas montañas aprendan a protegerse de tanto gilipollas como anda suelto por el mundo.
Aquí os dejo el comentario íntegro de “Barraca”, no para que estéis de acuerdo o en desacuerdo con él sino, para lamentar la suerte que le espera a partir de ahora a cualquier montaña cuya altitud empiece por 8 y cualquiera de los famosos Trekkings que ya se han colado en el calendario vacacional de tanto descerebrado. ¡¡Requiescant in pace!!
Yo por mi parte, os dejo el vídeo de la apertura del espolón Oeste del Chogolisa, afortunadamente, una montaña que empieza por 7.

Karakorum 2017

Después de enviar a Patxi el escrito, me he dado cuenta de que podía haber nombrado algún medio de comunicación que sí se hace eco de las actividades de montaña, como por ejemplo el programa Pont de Mahoma de Tarragona Radio. Enhorabuena a todos los que os preocupáis en divulgar este tipo de actividades al aire libre, no me atrevo a llamarlo deporte.

Ya que estoy otra vez con el lápiz y el papel os puedo contar que aunque conozcas el decorado de la marcha de aproximación siempre encuentras algo nuevo que te fascina, que te hace sentir bien, que compensa el hecho de estar allí : sea una roca, la luz, la fuerza del río o el vuelo pausado de un cuervo. Vamos a estos sitios dispuestos a ser actores de una obra de teatro sin público y con un guión impecable sobre el papel pero con un decorado que no es ni pintado ni de cartón piedra. Allí se invierten los términos, la fragilidad la ponemos nosotros y la duración de la obra, los actos, entreactos y efectos especiales están sujetos a los incontables caprichos del decorado. El impecable guión se tiene que rehacer y, muchas veces, como este año, se deja inacabado.

OTRA VEZ HEMOS VUELTO DEL KARAKORUM, el trozo minúsculo de decorado por donde transcurre nuestro guión ya sabéis donde está…La mariposa que creo que no me entendió , harta de esperarnos , igual hizo cumbre un día de estos o quizás no tenía ninguna intención de subir y solo nos acompañaba por curiosidad o por avisarnos de algún contratiempo.

Apreciada mariposa blanca creo que te equivocaste al seguirnos camino del Chogolisa , lo que tú realmente querías era juntarte con algun trekking, pasar el Gondogoro y de allí volar hasta los magníficos prados verdes del Valle de Hushe.
Lo que te pasó es que la mayoría de personas que pasaron por nuestro campo base (Ali camp) para hacer este fantástico trekking no hablaban con los que estábamos allí afincados, seas mariposa, ratón, cuervo o persona. Solo se comunicaban entre ellos, eran incapaces de saludar aunque estuvieses a menos de dos metros. Las dos únicas excepciones fueron un alemán y un madrileño afincado en Valencia, su osadía les valió un vaso de cerveza fresca de nuestra selecta bodega. Supongo que esta actitud tan incomprensible de los visitantes te hizo decidir probar suerte con nosotros y desviarte del camino que te hubiese llevado del blanco al verde.

Lo más incomprensible no era la negación del saludo: ¡allá ellos! Lo grave es que nos cansamos de llamarles la atención porque iban a mear precisamente donde sacábamos el agua para beber. O tenías que estar zombi o ser un perfecto imbécil para no darte cuenta…Nuestra letrina también era apetitosa para esta fauna, supongo que debían pensar que la habíamos puesto para que sus culos no quedasen a la intemperie , a más de uno le negamos el aposento, no por miedo a que lo llenase sino por mal educado.
Una tarde estaba cerca de la letrina contemplando el glaciar, no tenía nada mejor que hacer. Un grito de terror me hizo girar. ¿Qué pasa? ¿Un alud de piedras, un terremoto ? ¡Qué va! Una coreana con los pantalones en los tobillos, su grito era debido a que el viento había levantado la lona de la letrina. Me quedé inmóvil y, contuve la risa. Bueno, al menos esta me hablará, pensé: “ O buenas tardes, o tenéis un wáter cojonudo, o joder con el viento…Nada de nada, pasito a pasito por delante de mis narices como si yo fuese un trozo más de granito desprendido de la ladera de Ali camp.
El que se hubiese ganado el máximo galardón de una persona que no tiene ni puta idea de donde se mete fue un chino o coreano que estuvo toda la tarde deambulando por Ali camp con el casco de escalada, como un crío con la chichonera puesta para que no se le joda su apreciada cabecita. El punto álgido de su particular obra de teatro fue cuando hizo sus necesidades mayores, a unos veinte metros de nuestra tienda comedor con el casco puesto y a la vista de todos. Como diría Valle Inclán: “Me quito el cráneo” y busqué en mi aparatito de música la canción de Celtas Cortos “La senda del tiempo”:

“…he hablado con las montañas de la desesperación
y su respuesta era solo el eco sordo de mi voz.
A veces llega un momento que te haces viejo de repente…”

Si tuviese que volver a Ali Camp sabiendo que está equipado con cuerdas fijas el collado del Gondogoro para hacer el trekking Baltoro-Valle de Hushe, me plantearía buscar otro campo base…para no molestar.

Jordi Bosch “Barraca”
3 de agosto 2017

Reflexiones de “Barraca”

Hace dos años, durante aquella maravillosa expedición al Broad Peak, el bueno de Barraca tuvo a bien oxigenar e ilustrar éste, mi humilde Blog, con sus atinados escritos llenos de ingenio y sutil ironía.

Para quienes como yo, echabais de menos a éste poeta de las nieves, aquí os dejo un texto que me ha enviado ahora, recién aterrizados del Chogolisa…o tal vez no.

Karakorum 2017

En el campo base del Chogolisa escribí algunas tonterías para que el amigo Patxi las metiese en su blog y así poderlas difundir hasta no sé donde…El cacharro del ordenador se estropeó y el papel con las tonterías o fue quemado con los escombros  o acabó en la letrina.

Ahora se me hace difícil recomponer  el puzle de lo que escribí pero había un trozo que hablaba de una mariposa, resulta que Pep y Patxi vieron una en la arista a poco de terminar el espolón , con satisfacción nos comunicaron el evento pero Carles y yo debíamos estar concentrados en donde poner los pies y se nos pasó esta pincelada de jardín botánico entre hielo de pescadería, nieve inestable y rocas sueltas. A los dos días en el campo base me encontré cara a cara con la mariposa  y le pedí que nos acompañara a la cima…

OTRA VEZ HEMOS VUELTO DEL KARAKORUM, un titular que no haría fortuna en ningún medio de comunicación y menos si explicas que tres de nosotros venimos de hacer el tercer intento al CHOGOLISA, el primero fue en 2006 y el segundo en 2014, un año antes de conocer al gran Patxi.

Las pocas noticias que dedican a la montaña  los medios de comunicación de mayor audiencia están reservadas a las personas que no vuelven y las ascensiones a las 14 cumbres de más de ocho mil metros que figuran en una selecta lista.

La lista fue confeccionada en los años 80 del pasado siglo y ha hecho fortuna, son bastantes los que se esfuerzan en obtener la colección. El único requisito que se les pide es demostrar que han pisado la cumbre y si lo han hecho sin o con oxígeno. La manera  como lo han hecho es irrelevante.

Gracias a esta lista las 14 montañas seleccionadas acaparan la mayoría de expediciones y las agencias bajo el pomposo título de ExpedicionesInternacionales (quiere decir que los clientes no se conocen entre ellos) han encontrado una buena manera de hacer negocio y ofrecen sus servicios a la carta en función de las necesidades de cada cliente.

El CHOGOLISA reúne,  al menos para nosotros , todos los ingredientes que esperamos de una gran montaña. Estar solo, no depender de nadie y asumir los compromisos que la montaña va desvelando, sin prisas, poco a poco, a nuestro ritmo.

Para Pep, Carles y el que escribe es la tercera vez que tenemos que abandonar en el Chogolisa. Esta vez lo hemos hecho a 7000 metros, después de abrir un espolón delicado.

No valía la pena invertir más esfuerzos…¿O quizás sí? La respuesta a esta pregunta solo tiene validez durante unos segundos o minutos, cuando estás allá arriba. Pep y yo la contestamos en el 2006 a escasos cien metros de la cumbre y en el 2014 a una tirada de cuerda por debajo de una cornisa que intimidaba.

OTRA VEZ HEMOS VUELTO DEL KARAKORUM, un buen titular para nosotros. Contentos por Òscar Cadiach, ha conseguido lo que tanto deseaba, subir al Broad Peak y terminar la lista y muy tristes por la muerte de Alberto Zerain.

Probablemente no pasará mucho tiempo que esta lista de 14 se ampliará con nuevos ochomiles, no es que hayan crecido, es que los han ignorado, por ejemplo: el Annapurna Este, el Lotshe Shar, el Yalung Kang, el Broad Peak Central…De este modo las agencias y los coleccionistas estarán entretenidos una buena temporada. Deseo que antes que se amplíe el amigo Carlos Soria acabe de una vez la lista actual.

OTRA VEZ HEMOS VUELTO DEL KARAKORUM, hemos milimetrado los metros de cuerda , las tiendas, la fabricación de cerveza, los litros de vino,  la compañía por descontado, Iñaki, ¡por fin! has probado el Baltoro. Karim, el cocinero difícil de superar, me gustaría que fuese mi barbero: solo habla cuando le preguntas. Aman, su ayudante, un chico trabajador y servicial. “Pistatxin” el oficial de enlace, un militar de 25 años…los hemos conocido peores. El problema igual ha sido que la mariposa no me entendió…

Esta mañana he ido al huerto de mi padre a buscar un par de tomates, encima del más grande había una mariposa blanca…no nos hemos hablado.

Jordi Bosch “Barraca”

30 de julio 2017

Me siento frente al ordenador y, es cuando me doy perfectamente cuenta de que la expedición al Chogolisa todavía no ha terminado. Hay demasiadas cosas en mi cabeza sin encontrar su definitiva ubicación como para que pueda afirmar que eso ha sucedido. Probablemente nunca lo haga ya que, todas y cada una de las expediciones en las que he tenido algo que ver, han sido (y lo son) experiencias vitales en su más amplio y genuino sentido de la palabra.

El Chogolisa no nos dio ninguna oportunidad, esa es la verdad. Nos abrimos paso a lo largo y ancho del Glaciar Vigne, donde las distancias adquieren una dimensión especial. Elevamos nuestros cuerpos por las vertiginosas pendientes de nieve del Espolón Oeste, siendo a cada paso conscientes de que por allí apenas ha pasado ser humano alguno, lo cual hizo que cada paso dado, cada metro ganado, cada furioso latido dado por nuestros corazones, fueran algo único que (estoy seguro) perdurará para siempre en nuestro recuerdo.

Lo cierto es que el Karakorum nunca se ha caracterizado por poseer una climatología previsible, y hacer coincidir el día de cumbre con uno en el que imperen buenas condiciones climáticas, entra casi en el terreno de lo paranormal.

Los dos intentos que hemos realizado a cumbre han resultado ser de lo más infructuoso:

El primero lo dábamos por descontado; era relativamente pronto y lo metimos todo dentro del saco de la escasa aclimatación, lo cual si que entraba dentro de lo previsible..

Tras unos días de recuperación en el C. B. estábamos seguros de que, tanto la climatología como el estado de la nieve, no se portarían de igual manera…que nos darían la de arena, vamos.

El problema fue que, en ningún momento de la expedición vivimos más de 2 días seguidos de buen tiempo así que, para estar en condiciones de optar a una tentativa seria de cumbre, había que estar a los pies de la gran pared trapezoidal del Chogolisa en un solo día. Dicho así no suena tan desorbitado pero, los 1500m de desnivel a salvar, unidos a la inmensa distancia a cubrir, hacía de la nuestra, una tarea descomunal.

Y hacia allí nos fuimos, abriéndonos camino en medio de la noche, cada cual con sus pensamientos…cada cual con sus sueños:

Todavía es de noche cuando llegamos al C. I. Un trago de líquido, que todavía está caliente, y seguimos por la gran llanura de nieve hacia el espinazo dorsal que dibuja el Espolón Oeste de la montaña. Por el resalte de roca, previo a las fuertes pendientes de nieve, corre una cascada de agua que no hace presagiar buenos augurios. Tenemos casi todo el espolón asegurado con cuerdas, lo cual nos da un punto de tranquilidad más que notable. 100, 200, 500, 700, 1000…1500m de desnivel después de comenzar la jornada, llegamos a nuestras dos solitarias tiendas, envueltos en la niebla y con el viento en calma.

A las 10 de la noche salgo fuera de la tienda. Me cuesta trabajo creer que con el desgaste del día tenga ganas de orinar. Miro hacia el cielo y éste me obsequia con un inmenso lienzo de terciopelo negro incrustado de brillantes estrellas. La silueta del Chogolisa se perfila perfectamente en un cielo limpio de nubes y los Gasherbrum, perfectamente alineados, me traen recuerdos de noches parecidas en las que la cima fue complaciente con mis propios deseos.

Hoy es día de cima– me digo para mis adentros, incapaz de volver a conciliar el sueño.

 A las 12.30h nos ponemos en marcha. El frío es intenso, las nieblas han regresado y la nieve sigue estando (como a lo largo de toda la expedición) asquerosa.

Llevo la nariz pidiendo auxilio por el frío desde hace un par  de horas y los dedos de los pies los llevo petrificados.

Alcanzamos la muralla del Chogolisa cubiertos de hielo. La niebla se ha ido quedando adherida a nuestra ropa tapizándonos con su peculiar brillante traje blanco.

No vamos a pisar la cima de ésta montaña, eso lo sabemos perfectamente. El misterio de la Muñeca del Chogolisa sequiará sin desvelar, quién sabe por cuánto tiempo. Es lo bueno que tienen los misterios de las montañas, que chocan frontalmente contra nuestra vanidad y que, si son genuinos (y éste lo es) casi es mejor que sigan siéndolo…para siempre.

Picos Khumull Gri

Picos Kumull Gri

Pep superando el Gendarme

Pep superando el Gendarme

La luna ilumina el Karakorum

Las noches siguen siendo mágicas en el Karakorum

Gasherbrum IV

Gasherbrum IV

Frente al C.II emergen de izda. a dcha. el G IV, G III, G II y G I

Frente al C.II emergen de izda. a dcha. el G IV, G III, G II y G I

Estrellas en el cielo - Estrellas en el suelo

Estrellas en el cielo – Estrellas en el suelo

El Masherbrum solo se dejó ver un día

El Masherbrum solo se dejó ver un día

El Gendarme que corona el Epolón Oeste

El Gendarme que corona el Epolón Oeste

El G IV siempre permaneció oculto tras las nubes

El G IV siempre permaneció oculto tras las nubes

El frío se palpa en el C. II

El frío se palpa en el C. II

Baño de Oro sobre el Chogolisa

Baño de Oro sobre el Chogolisa

Amanece sobre el Khumull Gri

Amanece sobre el Khumull Gri