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¡¡Joder!!…¡cómo olvidarme de un día como el de hoy!

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Tras unos cuantos días de continuas e ininterrumpidas nevadas, por fin, hoy 6 de Julio, la nieve no ha hecho acto de presencia en el Campo Base de Ali Camp.
La mañana ha sido radiante y la hemos aprovechado para desentumecer nuestros cuerpos, que ya se quejan de tanto día de inactividad, subiendo por las fuertes y pedregosas paredes de roca que franquean éste Campo Base.
Tras la siesta de rigor, ha llegado la hora de la cena, que, aquí, ronda las siete de la tarde.
Al terminar la cena, Karim, nuestro tímido y eficiente cocinero, aparece con una tarta de bizcocho bañada en chocolate con dos velas encendidas. Le acompaña Hamar, el ayudante de cocina y el grupo de porteadores que mantienen abierto el paso del Gondogoro durante toda la temporada de trekkins, y se unen al cántico de “cumpleaños feliz” de mis colegas: Barraca, Pep, Carlas, e Iñaki. Sí, hoy cumplo 53 años.
Tras cortar y repartir la suculenta tarta, los porters me obsequian con unos cánticos y danzas típicos entre esta admirable gente.

 

No puedo por más que sentir admiración y respeto, tanto por los Baltís como por mis amigos que me han obsequiado con esta velada, sencilla e inolvidable.
Son momentos como estos los que aquí, en lugares remotos y solitarios, donde la vida se abre paso a fuerza de tesón y sacrificio, los que quedan grabados en el corazón para siempre.
A las 4 de la mañana nos vamos a poner en marcha para continuar con la apertura de vía camino de nuestro gran objetivo. Las previsiones climatológicas son favorables para los próximos días así que, no nos ponemos límites…subiremos hasta donde nos lo permita ésta preciosa montaña, pero yo parto con ventaja…ya he recibido un gran premio de amistad que me acompañará para siempre.
¡¡¡GRACIAS AMIGOS!!!

 

Cumpleaños III

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Cascada dse hielo del Glaciar Vigne

Cascada de hielo del Glaciar Vigne.

Dos ríos cruzan el Glaciar Vigne en las inmediaciones de nuestro Campo Base. Tenemos que madrugar de lo lindo para no hacer buceo en vez de alpinismo al intentar cruzarlos.

Hay mucha nieve este año y ésta no termina de asentarse, así que “abrir huella” está siendo una tarea ineludible en esta expedición.

Desde el Miércoles no deja de nevar: el Jueves 20cm, el Viernes 30 más, pero esto no mina nuestras ganas (también necesidad) de montar el C. I, así que el domingo nos armamos de valor y, bajo una fina pero constante nevada, nos colocamos delante del Espolón Oeste de nuestra montaña.

Tras montar las tiendas y descansar unos minutos, nos cargamos con la mayor cantidad de material posible y nos lanzamos contra la pared norte que protege el Espolón Oeste del Chogolisa.

La nieve está en pésimas condiciones y esto dificulta enormemente nuestro avance. Nos colocamos en la base de la empinada pared y comenzamos a equipar la ruta.

Está claro que el Chogolisa es una montaña de una envergadura intimidatoria; que nadie se lleve a engaño por ver un 7 al principio de la cifra de su altitud.

Pep se ata la cuerda al arnés y comienza la tortuosa tarea de abrirse camino en una pared que poco a poco va adquiriendo más inclinación:

    ….50º…. 55º…. 60º de inclinación sobre una nieve inconsistente que nos llega hasta la rodilla en todo momento.

Pep va de primero en todos los largos, dejando constancia de que hay grandes alpinistas fuera del circo mediático de las “estrellas alpinas”.

Dejamos colocados 400 m de cuerda hasta 5900 m aproximadamente, justo antes de la salida del Espolón. Muy cansados pero satisfechos del trabajo  realizado, regresamos a las tiendas del C.I para pasar la primera noche en altura, con el permiso de  los 5000 m de altitud a los que se encuentra Campo Base.

A las 4:30 h iniciamos el regreso a la comodidad del C.B. donde nos espera una fresca coca cola, jamón y queso del bueno y…una cata nos indicará si la cerveza que hemos fabricado está en un punto óptimo como para que nos lancemos a por ella.

Todo el grupo en el ampo I

Todo el grupo en el Campo I

AÚN ESTOY AQUII…

Dice Patxi…

Nieva y nieva. Siguen en el mismo sitio, esperando, pero ya están todos juntos, Carles ya llegó al campamento base.

Les ha dado tiempo a realizar un par de aproximaciones para aclimatar el cuerpo y esperar……

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NI BUENO, NI MALO…

Pep y Patxi ascendiendo al collado Gondogoro con los Gasherbrum al fondo

Pep y Patxi ascendiendo al collado Gondogoro con los Gashers…

Ayer llegamos al C.I del chogolisa (5500m) en lo que ha sido nuestra primera incursión en la montaña. Según Barraca y Pep, hay bastante más nieve que otros años, lo cual no es ni bueno ni malo sino todo lo contrario.

Pep, Barraca y Patxi

Pep, Barraca y Patxi.

Hoy hemos subido al collado del Gondogoro (5600m) para recibir a Carlas que viene por el valle de Huse pero, después de estar esperando en lo alto del collado un buen rato, hemos podido contactar por walky talky (o como se diga) con él, y resulta que lleva un día de retraso y hasta mañana no pasará el collado.

Patxi y Barraca en la cima del Gondogoro con el Lila Peak detrás-2

Patxi y Barraca en la cima del Gondogoro con el Lila Peak detrás

 

 

Por lo menos nos ha servido para poner un puntito más de aclimatación en nuestro cuerpecito¡¡

 

 

Pep y Patxi en el Gondogoro con el K2 al fondo

Pep y Patxi en el Gondogoro con el K2 al fondo.

 

Campo Base Chogolisa

Primera noche en el Campo Base de Ali Camp y primera nevada. No ha sido muy copiosa, bien es verdad, pero es un dato significativo que nos indica que ya estamos a 5000m de altitud y que, a pesar del calor que hace en las horas centrales del día, cualquier precipitación que aquí se produzca será en forma de nieve.
Llegamos ayer día 25 tras 6 días de marcha de aproximación y 90 kms recorridos por el glaciar del Baltoro y Vigne, en cuya cabecera tenemos instalado nuestro hogar para los próximos 30 días.
Desde nuestro emplazamiento no es posible ver el Chogolisa. Para ello tendremos que acercarnos al C-I y recorrer la gran curva que el glaciar Vigne describe hasta su mismo nacimiento.
El panorama no es de una gran amplitud, pues nos encontramos en la cabecara de un glaciar, lo cual hace de éste un lugar remoto y apartado, lejos de las muchedumbres que ahora, a buen seguro, atestan los Campos Base del K-2 o el Broad Peak.
Hacia el este, nuestra vista se estrella contra la estremecedora pirámide del Gasherbrum IV y la enorme muralla del Broad Peak. Hacia el oeste, la salida la marca el famoso collado del Gondogoro, que corona a 5600m del altitud.
Al norte, enormes paredones de roca nos amenazan con su verticalidad, y al sur, las vertiginosas paredes de hielo de los picos Khumul-Gri, que se alzan 1800m de desnivel sobre nuestro Campo Base, nos convierten en un campo minúsculo, en medio de un universo de hielo y roca.

 

Shalman y Patxi en Concordia

LAS NIÑAS DE ASKOLE.

Camino siguiendo las huellas que los porteadores van dejando, con el característico dibujo de sus zapatillas, en el omnipresente polvo que aquí, camino de los campamentos de Jola y Paju, lo inunda todo.

El día está nublado y no tarda en ponerse a llover, algo completamente inusual por estos lares, donde el calor suele ser agobiante y el sol quema la piel como una brasa.

Sigo, como digo, esas huellas tan reconocibles ya para mí agradeciendo el toque familiar que ese dibujo grabado en la arena despierta, después de  dos años de hibernación.

El penetrante olor que los porteadores dejan tras su paso golpea mis pituitarias como un martillo; supongo que el mío provocará la misma reacción en ellos. En un par de días nos acostumbraremos los unos a los otros.

Veo caras conocidas entre los porteadores que nos acompañan y no tardo en relacionarlas con nombres también conocidos: Ali, Karim, Hammar…  Nuestros lejanos mundos se vuelven a entrelazar y no tardarán en fundirse en uno solo, camino de las grandes y blancas montañas.

El interior de mi tienda está llena de polvo y espero los repetidos golpes del cocinero en una taza, o en un plato, llamándonos para la cena, y aprovecho para escribir unas líneas.

Nada más salir de Askole, nos topamos con unas niñas que regresan a la aldea con enormes fardos de aromáticas hierbas cargados sobre sus espaldas.

La aparatosa cámara de fotos que cuelga de mi mochila llama poderosamente su atención pero, apuntar con una cámara fotográfica a una mujer, sigue siendo por estas tierras, como si lo hiciera con un Kalashnikov. A pesar de todo, lo intento. Les pregunto con el gesto si quieren ser mis modelos y, lejos de salir corriendo, algo que yo daba por descontado, efectivamente, actúan como auténticas modelos, pidiendo unas cuantas rupias a cambio. La transacción la veo justa, no puedo decir otra cosa pero… no me sale de dentro comprar un trocito de su alma por unas pocas rupias, así que sigo mi camino oyendo a mi espalda, como si de un coro perfectamente orquestado se tratara, a las tres niñas cantando:

–“Picture, rupis,

Picture, rupis,

Picture, rupis”.

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¡Cómo me gustaría cruzar de nuevo por el collado del Gondoghoro!. Recuerdo (ya he llegado a una edad como para empezar a tirar de los recuerdos) cuando, en compañía de mis queridos y añorados amigos de Bera, tras haber pisado la cima del Gasherbrum II (8035m) crucé por primera vez este escondido collado (la criatura corona a más de 5600m) que comunica la zona del Baltoro con el valle de Hushe, en la cordillera del Karakorum. Esto ocurría en el mes de Julio de 1999.

Si la memoria no me falla (ya he llegado a una edad como para empezar a preocuparme por ella) dos horas estuvimos en lo alto del collado, pelándonos de frío en la serena noche, esperando que la claridad del nuevo día nos iluminara lo suficiente como para iniciar el vertiginoso descenso hacia el campamento de Xhuspang.

Esas dos temblorosas horas se nos hicieron largas e inolvidables. No dejábamos de caminar de un lado al otro del collado, con los brazos cruzados sobre el pecho y el cuello encogido, en un intento de conservar el calor que luego, horas más tarde, nos torturaría por el valle de Hushe.

Las provisiones se habían terminado, el calor era intenso y la escasez de agua hizo que las horas de marcha hacia el campamento de Shaitcho fueran una auténtica tortura.

Hamar, nuestro joven oficial de enlace, aseguraba orgulloso que ya había pasado por allí anteriormente y, ante nuestra reiterada pregunta: ¿How many hours to Shaitcho?, siempre obteníamos la misma y más que sospechosa repuesta: ¡¡one hour!!. Jamás había estado ni cerca de allí, el jodido.

Tras 12 “one hours” acabamos la jornada hechos polvo pero, volvíamos con nuestro primer Ochomil en la mochila, y eso aliviaba cualquier sufrimiento extra que nos quisieran cargar. Estábamos exultantes…¡¡podíamos con todo!!.

Ahora estaremos acampados a los pies del Collado del Gondoghoro, en Ali Camp pero, nuestro objetivo va a ser de una envergadura como para echarse a temblar…de emoción.

Unir las dos cimas del Chogolisa no es algo que se haga habitualmente en el mundo del alpinismo, es más, solo se ha llevado a cabo en una ocasión por parte de una pareja de alpinistas Británicos, y de eso hace ya nada más y nada menos que 31 añitos, los mismos desde que Gregorio Ariz pisara la cima Norte y encontrara “su” famosa muñeca Nipona, tras la cual vamos nosotros ahora.

Tal vez la muñeca siga allí ¡¡quién sabe!! pero, esté o no esté, si llegamos a esa cumbre Norte, tendremos la gran satisfacción de desvelar uno de los más bonitos misterios que envuelven a estas montañas del Karakorum y dejaremos allí un precioso objeto creado por las inquietas manos de Gregorio, una pequeña obra de arte que deje constancia de que el Chogolisa, por encima de cualquier otra consideración, al menos para mí…es la montaña de Gregorio.

Tras conectar las dos cimas de la “Pirámide truncada” del Chogolisa, un mundo nuevo y jamás pisado por el hombre se abrirá ante nosotros: la inmensa cara Oeste. Un mundo glacial e inexplorado que, esperamos, sea el colofón a una aventura que ya hemos empezado a vivir.

 

 

 

 

Ya se ha hecho de noche y está lloviendo. Subimos por la estrecha y empedrada callejuela (típica de los pueblecitos Pirenaicos) hasta dar con el portal. De la puerta, como un sello de incuestionable identidad, cuelga una preciosa edelweiss hecha en forja por las manos del inquilino.

Dos amplias sonrisas nos dan la bienvenida: Gregorio y Pili nos abren su pequeño santuario de montaña. Aquí se respira alpinismo por todos los rincones de la casa. De las paredes cuelgan multitud de fotografías que son historia viva de nuestro alpinismo más genuino. Reconozco alguna de esas fotografías, o mejor dicho, reconozco los momentos a los que pertenecen. Abajo, en el Txoko, un modesto museo me pone piel de gallina: tablas de esquí de madera, cuerdas de escalada de cáñamo, clavijas, piolets y crampones hechos a mano por el propio Gregorio en la fragua, dan testimonio de un alpinismo que ya no se practicará jamás, pero que sigue vivo dentro de mí, puesto que a él le debo gran parte de lo que soy.

Hace ya meses que “El Barraca” y yo decidimos que el Chogolisa sería nuestra siguiente empresa alpinística. largo y tendido hemos hablado de esa singular montaña que atrapa las miradas como si de un gigantesco imán de hielo se tratara.

No son pocas la ocasiones en las que ya he pasado rozando los flancos de esta impresionante montaña, en la cabecera del glaciar del Baltoro, camino de otras montañas. He visto en multitud de ocasiones las luces ámbar, púrpura y oro con las que el Chogolisa se viste en los amaneceres y ocasos del Baltoro, amplificadas y  proyectadas al cielo por el gran trapecio de hielo que conforman sus dos cumbres apenas escaladas.

El Chogolisa va unido inexorablemente (al menos para mí) al nombre de Gregorio Ariz.

Apenas contaba yo con 21 años cuando el bueno de Gregorio hacía historia al alcanzar la cumbre de esta extraña montaña del karakorum, allá por 1986. Y ahora me encuentro en su acogedor rincón de Burgui, hablando de tú a tú con aquel montañero que, sin él saberlo, estaba inoculando dentro de mí la pasión por una montaña que, inevitablemente, tenía que salir a la luz.

Hablamos sin parar de “nuestra” montaña y de la ruta que pretendemos hacer uniendo las dos cimas. Nos enseña fotografías de aquella mítica expedición y de la descomunal ascensión de Mari Ábrego y Josema Casimiro en estilo alpino al K-2. No sé si el destino o una fuerza mayor, hizo que los tres unieran las cimas del K-2 y el Chogolisa el mismo día.

…Y cómo no, hablamos inevitablemente de “La Muñeca del Chogolisa”. ¡Cómo no hacerlo!, nos encontramos en el lugar en el que se gestó el libro que nos ha traído hasta aquí.

“Un misterio permanece en la cima”, reza el subtítulo del libro de Gregorio. Un misterio que, 30 años más tarde, sigue sin estar resuelto. Quiero ascender esa montaña. Quiero pisar sus dos cumbres y quiero mirar en el promontorio rocoso de su cima NE por si, algo parecido al destino, ha querido que la “Muñeca” siga allí.

Hay cosas para las que, sin saber ni cómo ni por qué, un buen día descubres que estás predestinado. Ésta es mi sensación con el Chogolisa en este momento. Nadie ha vuelto a pisar esa cumbre desde aquel añorado 1986. Hora es de cerrar el círculo mágico que envuelve a esta montaña. Hora es de ponerse en camino hacia una empresa única que, estoy seguro, marcará nuestras vidas como ya lo hizo con la de Gregorio, aquel 1986, aquel año mágico que todavía no ha concluido.

Va por ti Gregorio.

 

 

 

 

El Mont Vélan es un precioso pico del Valais Suizo, situado en la frontera de Suiza y el valle Italiano de Aosta. A la sombre de la impresionante mole del Gran Combín, el Vélan, tiene la suficiente entidad como para acaparar todas las miradas de quienes deseen hacer una de las ascensiones en esquís de travesía más interesantes de los Alpes.

Nuestro punto de partida (Bourg Sain Pierre) todavía sigue atenazado por los rigores de lo que, sin duda, ha sido un duro y largo Invierno.

Con unas mochilas de las que ya no se suelen ver por estos lares (los flamantes refugios de Vélan y Valsoray se han encargado de hacerlas desaparecer) nos hacen tirar como mulas por el encajonado valle hasta alcanzar la morrena del glaciar de Valsoray.

La figura futurista del refugio de Vélan nos observa vanidosa desde su rocosa atalaya pero, nosotros traemos nuestro casita a cuestas, en el interior de unas mochilas que siguen empeñándose en impedir que nuestros esquís se deslicen por una nieve que, ya a finales de Marzo, se muestra muy cambiante.

La noche es fría y serena en el glaciar de Valsoray, y madrugamos todo lo que la pereza es capaz de permitirnos. Fernando sale como una moto en busca del bonito y domesticado (una cadena de gruesos eslabones lo atenaza) Col de la Gauille.

Salimos de la penumbra de la cara Oeste del Collado y, al cambiar a la vertiente opuesta, un radiante luz nos golpea de frente en nuestros rostros entumecidos por la fría mañana.

Sorteando los Sheracs e infinidad de grietas del Glaciar de Vélan, llegamos a la amplia cumbre de Mont Vélan, auténtico mirador sobre las montañas más altas y emblemáticas de los Alpes: Mont Blanc, Grandes Jorases, Cervino, Monte Rosa etc., nos obsequian con sus inconfundibles siluetas.

Nada más iniciar el fantástico descenso con que nos obsequió esta bonita montaña, nos topamos con una de esas escenas surrealistas que, por más que que sepas que te las puedes encontrar, no dejan de hacer que salten chispas en el interior de la cabeza:

Tres guías Suizos, tras los que ascienden una bien nutrida fila de abnegados clientes, abren, pala en mano, una profunda cata en la pendiente de nieve que lleva a la cima del Mont Vélan. Dibujan con sus palas una enorme Z por la que sus clientes alcanzarán la cumbre de una montaña a la que, más que domesticar, humillan con una práctica que jamás había visto todavía en las montañas. ¡¡Ánimo chavales!!, el ascensor alpino está cada día más cerca.

El día 14 de Noviembre estreno en el centro cívico de Lumbier la película sobre la reciente expedición que hemos realizado 5 buenos amigos en el Broad Peak.

Desde este Blog quiero agradecer a Oscar, Anna, Carles y Barraca, así como a Julian Beerman y Florian Troeger por poner a mi disposición su material fotográfico con el que he podido montar esta película.

Os dejo un corto Tráiler de tres minutos de duración, con el que podréis haceros una idea de los acontecimientos tan especiales que hemos vivido este Verano en tierras Baltís.

En Febrero del 2016 proyectaré la película en Tarragona, donde espero encontrarme con mis buenos amigos Catalanes y pasar una magnífica velada.