Patxi en las fuertes pendientes del Espoolón-

Patxi en las fuertes pendientes del Espolón.

      El día 10 nos armamos de valor y, con una mochila que desencaja nuestras clavículas, nos lanzamos hacia el Espolón Oeste…1500m de desnivel nos esperan y ponen a prueba nuestra aclimatación y concentración.

Tampoco es necesario encordar toda la montaña-

Tampoco es necesario encordar toda la montaña…

 

   Salimos a la una de la madrugada del C.B. y las horas de escalada nocturna van cayendo una tras otra, con la cabeza gacha y el ánimo introvertido…como es habitual hasta que sol nos ilumina. El Sol nos ilumina tras horas en la penumbra-

     El sol nos trae calor y ánimo, y la verticalidad del Espolón hace que nos olvidemos del peso de nuestras mochilas.

 

 

 

 

 

El lugar es sencillamente sobrecogedor, la única razón por la que no sale en las revistas especializadas en montañismo y escalada es sencillamente porque por aquí ¡no ha pasado ni Dios!

 

 

 

La salida del Espolón la corona un gendarme de roca que, al atacarlo por la derecha, asoma nuestros cuerpos sobre un sobrecogedor vacío de más de 1000m de desnivel.
Como es habitual, Pep abre este último largo, encaramándose en una fina de arista de nieve sobre la que cabalga con la soltura de un funanbulista.

 

La nieve que rompe bajo nuestras pisadas, se precipita hacia ambos lados con una velocidad preocupante, acentuando más si cabe la sensación de vértigo. Me encaramo en el filo de arista para unirme a Pep cuando, algo desvía mi atención del compromiso de la vía:
                                      -¡Mira Pep! Una mariposa.
No, no es una alucinación debido al esfuerzo y la altitud. Una mariposa blanca con pintas azules en sus alas nos sobrevuela al coronar el Espolón, como premio a un día de alpinismo como ya solo es posible saborear en montañas solitarias como ésta.

Un extenso plateau de nieve aparece ante nosotros y lo recorremos con la cabeza gacha, sucumbiendo al cansancio de un día demoledor cuando, algo hace que la levantemos, alucinando con el paisaje que florece a cada paso que damos: las cimas de los Gasherbrum van creciendo poco a poco como si una fuerza telúrica las estuviera elevando a cada paso que damos, como otro premio más al esfuerzo que hemos empleado en llegar hasta aquí.
De derecha a Izquierda, el Gasherbrum I, el II, el III y el IV están plantados ahí, delante nuestra, como una descomunal estampa que apenas ha saboreado ser humano alguno. Estoy poco menos que estado de shock. El dolor por el esfuerzo ha desaparecido de manera instantánea. Solo recuerdo esta sensación en los días de cumbre, cuando todas las líneas de la montañas se juntan en un solo punto y los pasos hacia arriba han terminado.

Montamos las dos tiendas en la ondulada planicie de nieve, a los pies del Trapecio del Chogolisa. A la 12:30h de la madrugada nos lanzamos hacia la cima en una noche tremendamente fría pero, nuestro ánimo se debilita a cada paso que damos. La nieve no puede estar en peores condiciones: una costra de 10 cm de nieve dura no soporta nuestro peso y rompe a cada paso que damos, hundiéndonos repentinamente cuando intentamos elevarnos sobre ellos.

En unas dos horas recorremos el plateau hasta la base del inmenso trapecio de hielo que forma la pared Norte del Chogolisa pero, somos conscientes de que éste, “no es día de cumbre”. Tras debatirlo durante uno o dos extensos segundos, todos estamos de acuerdo en regresar al refugio de las tiendas. Me meto dentro de mi tienda y enciendo el hornillo pero, no para deshacer hielo, sino para calentar mis ateridos pies que los llevo bajo mínimos. Tras conseguir reponer la circulación, nos lanzamos espolón abajo hasta nuestro acogedor Campo Base, un lugar precario cuando llegas de subida pero, un auténtico oasis cuando regresas de los campos de altura.

Consideramos abierta y equipada la ruta, nuestros cuerpos aclimatados y el ánimo restablecido así que…la próxima vez que nos calcemos las botas, las llevaremos hacia la cumbre…¡¡INSHALLAH!!

 

 

Pep, Patxi, Carlas y Barraca...un montañón para cuatro-

Pep, Patxi, Carles y Barraca…un montañón para cuatro.

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