Una montaña solitaria

UNA MONTAÑA SOLITARIA

 

    Así pues, el clima es el típico del Karakorum: inestable e impredecible. Hemos pasado un episodio de nevadas que parecían no tener fin. Horas y horas soportando el característico sonido de los copos de nieve helada impactando sobre el toldo de la tienda de campaña. La temperatura tampoco nos ha acompañado lo más mínimo y esto, unido a la gran cantidad de nieve depositada en la montaña, está haciendo que abrirse paso por una ruta tan empinada como la del Espolón Oeste del Chogolisa, sea una auténtica tarea de desgaste y demolición para los cinco que aquí nos encontramos. A pesar de todos estos inconvenientes, hemos abierto y asegurado la práctica totalidad del precioso y exigente Espolón Oeste del Chogolisa.

Apenas nos hemos encontrado terreno mixto debido a la gran cantidad de nieve que cubre toda la vía. Este hecho nos ha obligado a abrir una profunda huella en las interminables rampas de nieve que, con demasiada frecuencia, llegan a los 60º de inclinación.

Aquí, como ya sabíamos, no hay nadie excepto nosotros. No hay sherpas ni porteadores baltís en los que delegar la tarea (antes normal e ineludible) de abrir la ruta, de equipar los tramos comprometidos, de marcar la pauta de ascensión…de ser Alpinista.
A veces, cuando miro la enorme extensión del circo glaciar del Vigne, con su infinita planicie blanca, estrellarse contra los verticales muros de hielo y roca que la protegen, tengo la increíble sensación de ser un pionero, de descubrir estas montañas por primera vez. Aquí todo es soledad y silencio, en su máxima expresión. Solo cuatro seres comparten conmigo ésta sensación que estremece el alma, que hace sentirte tan especial porque, aunque solo sea por un breve espacio de tiempo, miras cara a cara a la naturaleza en su estado más puro y primario, y sientes que te vuelves como ella.
Ahora descansaremos uno o dos días, lo que ésta caprichosa climatología nos permita, e iniciaremos la ascensión definitiva al precioso Chogolisa.

Espero que estemos preparados para llevar a cabo una ascensión como las de antes, cuando el montañero, por su propia razón de serlo, se adaptaba a las montañas sin más pretensiones que las de sentir esa comunión, única y desigual, entre el hombre y la montaña.

 

La dureza de la ruta

LA DUREZA DE LA RUTA

Tras la mochila de Patxi el Khumull Gri

Tras la mochila de Patxi el Khumull Gri

Patxi en una reunión del Espolón Oeste

Patxi, en el Espolón Oeste.

 

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