Recuerdo perfectamente, entre otros motivos porque tampoco hace tanto tiempo, que cuando regresaba a casa de mis primeras expediciones, pasaba varias semanas (en algún caso incluso meses) completamente noqueado. En mi cabeza se agolpaban, apresuradas en la bandeja de salida, infinidad de imágenes de los momentos vividos, experiencias difícilmente catalogables y casi imposibles de gestionar, o por lo menos yo no era capaz de hacerlo.

Fueros pasando los años e inevitablemente aprendí a sobrellevar esos aluviones de sensaciones que tanto me torturaban y sin los que ya no sabría vivir.

Hace dos años sentencié que jamás volvería al Baltoro (pobre ignorante) y ahora, en la tranquilidad de mi casa, sentado frente al ordenador, revisando los videos que he grabado en la expedición al Broad Peak, sé a ciencia cierta que no me equivocaba, que esta ha sido una las experiencias más importantes de cuantas he vivido en las montañas.

Cuando salía del C.B. para iniciar el regreso por el Glaciar Godwin Austen hacia Concordia, supe que algo había cambiado dentro mi cabeza. Ya no había apelotonamiento de recuerdos. Todo parecía estar extrañamente ordenado dentro de mente, y la sensación predominante era de relajación, de que por fin, después de tantos años, había aprendido a regresar de las montañas.

Pero que lo haya lo aprendido no significa necesariamente que sea sencillo de sobrellevar, es más, sé que van a tener que pasar muchos días antes de que pueda regresar definitivamente del Baltoro, antes de que deje de ver la imagen de un porteador Baltí pasando a mi lado, doblado bajo su carga, antes de que la silueta del Gasherbrum IV, o del Pico Paju, o de la Torre de Trango, o del mismísimo K2 se vayan diluyendo poco a poco y pasen a ocupar el lugar que les corresponde dentro de mis recuerdos.

Esto, tarde o temprano ocurrirá inevitablemente de forma natural. Mientras tanto, las imágenes que han quedado grabadas en la tarjeta de memoria de mi cámara, junto con las que han quedado grabadas a fuego en mi memoria, irán saliendo de sus escondrijos para hacerme saber, de vez en cuando, que lo vivido en el Broad peak en el año 2015 no fue producto de un bonito sueño sino de algo superior, y recordaré también, que este fue el año en el que aprendí a regresar de las montañas.

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