Luojing sana tras la avalancha

Ya está en el interior de la tienda de campaña, al otro lado del glaciar, a casi una hora del seguro refugio del C.B.

La hemos instalado allí porque, someterla al traqueteo de cruzar esos pasadizos de hielo y ríos desbocados para traerla al C.B., se nos antojaba demasiado para lo que ya sufrido la pobre Shumiyo.

En el interior de esa tienda se halla nuestra querida compañera de expedición Sumiyo Tsuzuki (no sé bien cómo se escribe) a la que cariñosamente llamamos “Vespino”.

Anna, quien ha realizado un impresionante trabajo, tanto en su calidad de médico como de ser humano, se ha quedado con ella para pasar la noche y atenderla convenientemente.

Yo…no he podido dormir muy bien que digamos. Las escenas vividas el día de ayer rebotan en el interior de mi cabeza como si fueran pelotas de ping-pong .

Corto con mi navaja la dura carcasa de la bota de Sumiyo allí hasta donde puedo. Óscar y Anna sujetan su pierna inmovilizándola todo lo que el dolor les permite. Tiro del talón hacia arriba, intentando hacer el giro natural de la bota al descalzarse, y asoma el botín que, aunque negro, se adivina empapado en sangre.

Un anormal bulto asoma por el lado interno, a la altura del maléolo. Repetimos la operación con el botín y el aspecto del calcetín nos prepara para lo que se nos viene encima.

Corto el calcetín con unas tijeras. La rotura que muestra Shumiyo no creo que sea tema para comentar en detalle. No sería sino un acto morboso que nada aporta a lo que quiero comentar.

Afortunadamente no sangra en exceso y esto nos anima a introducir el hueso en su sitio.

Anna nos dice lo que tenemos que hacer y lo hacemos sin contemplaciones, haciendo caso omiso de los desgarradores alaridos de dolor que salen de su garganta y que corren por el glaciar con la velocidad de la avalancha que hace unas horas la arrancó de la pared.

Tras inmovilizarla con un aparatoso vendaje, queda relajada y tranquila. La reducción de la luxación de hombro la ha tranquilizado sobremanera.

Sus ojos orientales, empapados en lágrimas de agradecimiento nos miran uno a uno. No cesa de repetir que la disculpemos, y mil y un veces sale de su boca la palabra: Thankyou.

Gracias a ti Sumiyo. La fortaleza que has demostrado en esas interminables horas mientras te sacábamos de la pared, han convertido al Broad Peak en, tan solo, un montón de cuestas.

Patxi con Shumiyo

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