De todo se encuentra uno en la viña del Señor.
Como ya comenté, ayer pasamos la tarde en el C.B. de Juanito y Alberto, a menos de 5 minutos del nuestro. Su Shirdar y grupo de cocineros nos obsequiaron con cánticos y danzas Baltís haciendo que, lo que amenazaba con ser una monótona tarde, se convirtiera en una más que agradable velada, de esas que hacen que las viejas amistades se reafirmen.
Pues resulta que en este C.B. también se encuentra un joven alpinista cuyo gran objetivo es batir el récord de ascensión rápida al Broad Peak.
Hace días ya nos lo encontramos cuando descendíamos hacia el Base y él ascendía hacia algún campo de altura, preguntando a todo quisqui: – ¿cuánto falta hasta aquí?, ¿cuánto falta hasta allí?…en fin, impregnándose de la belleza de este singular rincón del Baltoro, vamos.
El chaval en cuestión permanece serio y circunspecto durante nuestra visita, bien plantado y maqueado hasta sus últimos detalles. Ropa de marca y gafas de máscara tras las se intuye el rostro de alguien que, parece, va sobrado; y en realidad, visto el ritmo de ascensión que lleva, parece que sí que lo está.
Pasado un rato, desvío mi mirada y me topo con una estampa que me hace esbozar una maliciosa sonrisa.
A mi lado están charlando, tranquila y relajadamente, con esa pose que dan los años de experiencia y las mil y una batallas libradas, tres personajes únicos. Yo les miro y, aunque reconozco que mi currículo alpinístico (uno también tiene su orgullito) es más extenso del que nunca creí llegar a tener, me siento empequeñecido, cuasi transparente ante la figura de estos tres personajes, historia viva del alpinismo contemporáneo.

Les enfoco con mi cámara y los atrapo para siempre, no solo en la tarjeta de memoria de mi máquina sino, en la de mi propia memoria interna, en donde no hay riesgo de borrados accidentales.

Oscar, Alberto y Juanito

Óscar, Alberto y Juanito.

Ahí están, delante mío: Óscar Cadiach, Juanito Oyarzábal y Alberto Zerain. Luego, comento con Carles y Barraca lo difícil, por no decir imposible, de juntar en una misma fotografía tal cantidad y calidad de Ochomiles ascendidos. Tal cantidad y calidad de historias vividas al límite, de esas que la inmensa mayoría de la gente solo puede llegar a descubrir a través de los libros.

Luego, vuelvo mi mirada hacia nuestro apremiado amigo y pienso, con la sonrisa todavía dibujada en mi cara: -¡no te pongas serio chaval!, tienes tiempo de sobra-. Relájate y aprende.

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