Con el primer día de Julio ha llegado un más que evidente cambio meteorológico. A pesar de ello, nos vamos librando del sometimiento que el astro Rey impone sobre el glaciar del Baltoro. Porque el Sol aquí es sencillamente implacable, y doblega con su radiación a todo ser vivo que osa deambular por este glaciar.

Han aparecido de nuevo; fieles a su cita con quienes apreciamos las cosas más básicas de la vida:

Patxi en Urdukas delante de las Catedrales del Baltoro

Por un lado están ellas, las mágicas Catedrales del Baltoro. Nuevamente nos hemos quedado en silencio, recorriendo con la mirada esa infinita acumulación de agujas, paredones y monolitos de roca que se proyectan hacia el Cielo con una fuerza imparable.

Por otro lado están ellos. Su presencia aquí es imprescindible bajo todo punto de vista. Su mirada es dura porque en su semblante ha quedado grabada, durante generaciones, la dureza de un hábitat brutal. Su figura, encorvada bajo el peso de nuestros enseres, es tan característica aquí como lo es el brillo del Sol.

No me canso de observarlos, con el inconfundible balanceo que imprimen a sus pesadas cargas al caminar. No parece que caminaran. Es como si se deslizaran por un terreno en el que, solo mantener el equilibrio con cierto grado de dignidad, es ya toda una proeza.

Son los porteadores más duros y sacrificados del mundo. Son los porteadores Baltís, paradigma del sacrificio y la austeridad. Son nuestra llave hacia unas montañas que no existirían sin su presencia.Porter delante del Masherbrum Pero esos semblantes duros, esconden una agradable sorpresa: basta dirigirse a ellos con una sencilla frase de agradecimiento para que una amplia y sincera sonrisa acuda a su curtido rostro.

Ahora me encuentro en mi tienda de campaña en el campamento de Gorhe II, a unos 4250m de altitud, y desde aquí oigo sus conversaciones amontonadas y sus risas. Me gusta oírles. Provocan un efecto balsámico y relajante sobre mí.

Mañana alcanzaremos el Campo Base del Broad Peak y ellos “volarán” glaciar abajo, rumbo a sus casas, dejándonos abierta, de par en par, las puertas de la montaña que hemos venido a buscar. Lo que hagamos de aquí en adelante será cosa nuestra. Ellos ya han cumplido con su cometido

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