La temporada de esquí de pista ha concluido y Chamonix respira tranquilo en espera de la marabunta que, más que presumiblemente, abarrotará sus calles y mercados durante el inminente Verano.

De momento la actividad  de esquí de montaña se limita, casi exclusivamente, al asedio sistemático del Mont Blanc por casi todos sus flancos. Los refugios de Cósmicos y Gran Mouletes están abarrotados de esquiadores en espera de tan codiciado trofeo.

Tanto a Fernando como a mí nos gustan más las rutas menos transitadas, en donde poder retomar ese alpinismo añejo y entrañable, casi en blanco y negro, que un buen día se coló en nuestro torrente sanguíneo, y ahí sigue todavía, dándonos más disgustos que alegrías.

La ruta elegida para este puente del 1 de Mayo es pues, una ruta solitaria para estas fechas, pero de una singular belleza: La arista Mattriere al Dom de Miage.

Para ello ascendemos los casi 1700m de desnivel que distan desde el aparcamiento de Grubaz hasta el escondido refugio de Plan Glacier (2730m).

El día es magnífico y el enorme paredón Norte del Dom de Miage se muestra impresionante, en toda su extensión. No hay huellas que delaten presencia humana en los alrededores así que, todo augura a que seremos los únicos inquilinos del pequeño refugio de madera, incrustado en una pared de roca de las estribaciones de la aguja de Bionassay.

Las nubes van ganando terreno al Sol y la nieve comienza  caer antes de que alcancemos la seguridad de refugio, el cual encontramos semisepultado en la nieve. Estamos a 1 de Mayo pero el Invierno se resiste a abandonar estas montañas.

Tres días sin cesar de nevar ni un solo minuto es lo que nos tenía reservado este singular paraje. La nieve se va acumulando peligrosamente en las laderas de la montañas pero, no podemos quedarnos en el refugio eternamente así que, iniciamos un intento de “sálvese quien pueda” siguiendo el trak del GPS pero, la visibilidad es nula y nos estamos jugando el pescuezo.

Después de descender 700m de desnivel sobre nuestros esquís, solo nos queda una solución razonable…volver sobre nuestras huellas en busca de la seguridad del refugio. Sigue nevando y no vemos más allá de la punta de las espátulas de nuestros propios esquís por lo que, encontrar el pequeño hueco en la nieve en donde se encuentra nuestro chalecito de montaña, nos hace respirar profundamente, mezcla de alivio y satisfacción.

La arista Mettriere hace días que ya ha desaparecido de nuestra cabeza. Solamente podemos pensar en descender hasta los Chalets de Miage, en cuyos tejados todavía persiste la nieve, y tomar la pista que desciende hasta el aparcamiento de Grubaz.

Afortunadamente, el cuarto día amanece frío y despejado en altura. La nieve se ha transformado y, como si de un premio se tratara, nos permite un descenso de seda en los primeros centenares de metros.

Es lo más parecido que puede haber a esquiar encima de las nubes.

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