Oscar se ha ido para arriba. Sus ánimos han conocido mejores momentos, pero el estar a punto de acabar esa meta, que tan bien suena y que nos hemos inventado los montañeros de “Los 14 Ochomiles”, tiran de él hacia arriba. Ya ha estado aquí en varias ocasiones y, lo cierto, es que la ocasión es inmejorable: la climatología es buena, hay un buen número de Sherpas por los campos de altura trabajando para sus clientes y, tras nuestro trabajo a 7000m de hace días, su aclimatación es bastante buena.

El caso es que, de todas las circunstancias que concurren en Oscar, solamente comparto la de “el bajo nivel de ánimo”.  Así que, me he quedado en el C.B. y no intentaré la cumbre.

Como todo en esta vida, he colocado en la balanza los pros y los contras de esta expedición y, claramente, se ha inclinado hacia el lado del Campo Base.

Mientras descendíamos del intento del día 20, y el oxígeno, cada vez más abundante, me hacía pensar con más claridad, veía más probable un nuevo intento de alcanzar la cima de esta montaña. Una vez en el C.B.,  esta idea se fue reafirmando hasta que la desgracia sufrida por nuestros compañeros frenó ese renovado entusiasmo en seco.

Todo ha cambiado de manera drástica, ya no veo esa cumbre como un objetivo que alcanzar, ya no me veo sufriendo por las duras pendientes del Gasherbrum sabiendo que la recompensa será maravillosa…¡no!. Esta montaña ha dejado de tener interés para mí. Ya he perdido demasiados amigos en las montañas y está claro que esto está dejando huella en mí.

Álvaro, Xevi y Abel están  ahí arriba…para siempre. No me veo pasando a su lado poniendo la cima por encima de mis sentimientos hacia ellos.

Ayer Pedro y Arkaitz, compañeros de nuestros tres malogrados amigos, me invitaron a cenar en su C.B. David y Alfredo han escapado de las garras de esta montaña y están también presentes, junto con el resto de la numerosa expedición de la que forman parte. El ambiente es distendido, para nada triste ni lacrimógeno. Buenas viandas circulan por encima de la mesa: jamón, queso, chorizos…y buen vino de Rioja. Cada 2 minutos alguien tiene un buen motivo para levantarse y alzar la copa en honor a los tres que quedaron arriba. Los brindis se van sucediendo uno tras otro hasta que las existencias de vino se agotan.

Una botella de licor de hierbas estará bien como sustituto del Rioja, y tras ésta, otra de Orujo.

Quienes han sido sus amigos y compañeros, les echarán mucho en falta, pero ahora no es momento de eso. El abatimiento no puede dominar este bonito momento. Se les recuerda con una mezcla de tristeza y alegría por haberlos conocido y compartido este sueño de 8000m.

Avanzada la noche me despido de mis amigos. Afortunadamente he sido previsor y metí una linterna frontal en mi bolsillo. Salgo a la oscura noche del Baltoro y tengo mis serios problemas para mantener la verticalidad en esta descompuesta morrena en la que alza el C.B. No es que haya bebido mucho pero, a 5000m de altitud los efectos son fulminantes. Recorro el trayecto hasta mi tienda a trompicones y me tiro dentro de mi saco.

Amanece un bonito y soleado día. Miro al G-I con indiferencia, su cumbre ya no domina mis pensamientos; estos están ahora lejos de aquí, con mi gente, con mi tierra. Sé que no sentiré tristeza cuando dé la espalda a este coloso, como sí ha ocurrido en otras ocasiones, y sé, también, que cuando abandone el glaciar del Baltoro, y la vida vuelva a discurrir bajo mis pies, lo habré hecho por última vez.

El Karakorum forma parte importante de mi vida y he vivido aquí momentos absolutamente únicos e irrepetibles pero… mi ciclo aquí ha terminado.

Gracias a todos a quienes este humilde blog ha conseguido arrancar, aunque haya sido por unos cortos instantes, una sonrisa o un llanto. Gracias por haberme seguido por este impresionante mundo de las montañas. Al igual que a estas montañas…también a vosotros os echaré de menos.

Un fuerte abrazo desde el Karakorum.

Patximán

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