El día de 3 de Julio lo pasamos escondidos en la habitación del hotel de Islamabad pues, aventurarse por la ciudad es un riesgo innecesario para nuestra salud. El calor es agobiante y rápidamente se alcanzan los 43º centígrados, y claro, después del largo invierno que hemos tenido en casa, esta es una temperatura que nos deja noqueados en cuestión de minutos.

Al anochecer, asomamos las cabecitas fuera de nuestro cado cual roedores escondidos y nos vamos a cenar a un bonito restaurante con música en directo. El jardín está repleto de plantas y  flores, la noche es serena y la temperatura ha descendido hasta límites más que soportables. Un músico llena la noche de agradables sonidos que salen de algo parecido a una guitarra.

Cenamos en compañía del director de la agencia Pakistaní Nazir Sabir, gran alpinista que acompañó a Reinholg Messner en muchas de sus expediciones.

Justo antes de comenzar, se nos une en la mesa una pareja, Búlgaro él y Serbia ella, que acaban de volver del Nanga Parbat. En sus rostros se refleja la tragedia que acaban de vivir. Sus miradas, sobre todo la de él, es distante, perdida todavía en la inmensidad de las laderas del Nanga donde ha vivido la mayor tragedia de su vida.

La noche en la que un grupo de Talibanes llegó al Campo Bese exterminando a todo ser viviente que allí se encontraba, nuestra pareja se encontraba en un campo altura, salvando así sus vidas.

Nanga Parbat desade el avión

El Nanga Parbat ha quedado cerrado a cal y canto para las expediciones. Aun así, nos deja verlo en toda su inmensidad cuando, en el vuelo que hacemos de Islamabad a Skardú, aparece justo al lado de nuestra ventanilla. El avión vuela bajo, claramente por debajo de su cima y parece como si quisiera engullirnos con su impresionante pared de la vertiente Diamir. Al cabo de 50 minutos de vuelo aterrizamos en la capital del Baltistán. El sol es contundente aquí desde primera hora de la mañana, y ya nos pone sobre aviso de lo que nos espera en los primeros días de Trekking. Serán 3 días de dura caminata hasta que nos subamos a lomos del Glaciar del Baltoro, autopista de hielo que nos llevará hasta el lejano y escondido Hidden Peak. A partir de aquí sufriremos los rigores del frío y la altitud pero, eso serán problemas a los que nos enfrentaremos en su justo momento. Ahora disfrutamos de una tranquila y fresca noche en el jardín del hotel “Concordia” de Skardú.

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