Día 3/07/2012

El recorrido de hoy ha sido como lo suelen ser estos viajes en todoterreno por las carreteras de montaña de casi toda Asia: largo, ajetreado y polvoriento.

Un buen montón de horas nos ha llevado cubrir el trayecto entre Lamayuru y Panikar. La cultura Tibetana va quedando atrás y al llegar a la ciudad de Kargil, las oraciones del Muyahidín resonando por los altavoces, nos anuncian que el Budismo ha dado paso al Islam en muy pocos kilómetros de carretera.

Desde que salimos de LEH, la presencia militar es constante en todo el territorio. Interminables combois de soldados se cruzan en nuestro camino, y destacamentos militares, protegidos por dobles alambradas, salpican esta tierra estéril que, por lo visto, tiene un gran valor estratégico para la India.

Una gran avalancha de rocas y lodo ha sepultado la carrete por la que transitamos bloqueando nuestro avance. Como siempre, la diligencia de nuestro Shirdar, ha resuelto el problema con asombrosa rapidez intercambiando los vehículos con quienes han quedado bloqueados en el otro lado.

El Nun ha aparecido de repente, sin estribaciones previas que anunciaran la cercanía de una gran montaña. El Sol iba ya cayendo cuando ha aparecido tras una curva de la carretera y toda su imponente cara Oeste ha quedado iluminada por los rayos vespertinos.

La vegetación ha hecho por fin acto de presencia…¡Dios, como la echaba de menos!. El valle del Suru es como una gran serpiente verde que se retuerce entre las montañas, nevadas en sus altas cotas, y que se dirige hacia ese enorme pico que nos espera desde hace días.

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