Día 28/06/2012:

Nueva Deli nos recibe con unos espléndidos 36º a las 11 de la noche, hora en la que nuestro avión, proveniente de Bruselas, toma tierra en la capital de la India. A lo largo del día alcanzará sin problemas los 45º, 46º.

Afortunadamente, tan solo pasamos un día inmersos en esta sopa de polución y polvo en suspensión en que se convirtió, hace mucho tiempo ya, esta caótica capital.

El día 29, tempranito, aterrizamos en LEH, capital de la región del Ladakh, a 3500m de altitud.

A lo largo de todos estos años de viajes, por el centro de Asia principalmente, he realizado vuelos arriesgados, espectaculares e incluso peligrosos pero, nunca había viajado en avión comercial tan ceñido a las montañas, abriéndose paso por entre collados y rozando casi con sus alas las grandes montañas que protegen este valle, en la región de Jammu-Kachemira.

Durante 2 días permanecemos en LEH, ultimando los preparativos, compras de última hora y “reclutando” al staf que nos acompañará durante la expedición.

Una vez más, se ha hecho realidad esa, cuasi máxima, que viene caracterizando casi todos mis encuentros con las grandes montañas; y es que, de los planes que con tanto mimo realizamos en casa, para el segundo día de expedición, ya no queda ni rastro. Esto, lejos de suponer un grave contratiempo, no es sino un indispensable aditivo para que, cualquier viaje, deje en mí un grato en imborrable recuerdo.

Digo todo esto porque, el Trekking que teníamos previsto realizar, se ha visto abortado sin ni siquiera calzarnos las botas. Según nos comentan los lugareños, la Primavera ha dejado unas copiosas y tardías nevadas en toda la zona y el paso del Kanji La (5250m) ha quedado bloqueado y es intransitable para nuestros porteadores. Este collado era una parte importante en nuestros planes de aclimatación a la altura así que, habrá que sustituirlo por un par de días de caminatas en altitud por las inmediaciones del Campo Base.

La solución a este contratiempo no es la que yo hubiese deseado pues, me apetecía mucho conocer más íntimamente esta zona del Ladakh pero, desde luego, no podemos disponer de otra: durante dos o tres días nos iremos acercando al C.B. por carretera.

El territorio es inmenso, desértico casi en su totalidad, salvo por pequeños y diseminados oasis en los se asientan pequeñas poblaciones de etnia Tibetana. El río Indo va abriendo profundos cañones a nuestro paso. Al poco de abandonar LEH, se le une el embravecido río Zangskar y ambos continúan, mezclando sus aguas de distintas tonalidades,  horadando estas montañas desoladas.

El Ladakh es la zona donde más hondamente ha quedado arraigado el Budismo, y prueba de ello son la infinidad de Chortens que jalonan este recorrido, rematado en ocasiones por espectaculares monasterios encaramados en lo alto de colinas desde donde, miles de banderas multicolores y molinillos de oraciones, en ocasiones gigantescos, esparcen amparo y protección sobre esta desolada tierra.

En estos momentos me encuentro en la aldea de Lamayuru, a 3550m de altitud. Veo desde la terracita del modesto hotel, las blancas y rojas fachadas del monasterio, brillando bajo los últimos rallos del sol, con el fondo oscuro de grandes montañas, negras como la noche, esperando que pase un día más en esta tierra que, aun siendo la antítesis de los verdes valles Nepalíes, llega a calar muy hondo. El magnetismo que emana de esta tierra es innegable, acentuado por unas gentes amables, de sonrisa fácil y mirada sincera…¿quién sabe por cuánto tiempo?.

 

 

 

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