Por más que lo haya vivido en innumerables ocasiones, es algo que no deja de sorprenderme. Me refiero al imparable avance de la Primavera.

De los 20 días que ya llevamos en esta montaña, 19 de ellos han sido de nevadas continuadas, algunas de ellas de gran intensidad. Aún así, los neveros que rodean este Campo Base, cada día son más exiguos y los riachuelos provocados por el deshielo, surgen por doquier, dando al C.B. ese toque familiar y agradable, a pesar de encontrarse a los pies de una montaña que ya nos ha dado muestras de su crudeza e inmutabilidad.

El cambio de climatología que tanto ansiábamos parece que ya ha llegado. Hasta un Quebrantahuesos hace un par de días que merodea con su vuelo grácil e imperturbable el C.B.

No es cuestión de esperar más.

El momento de intentar alcanzar la cumbre del Manaslu ha llegado. Ahora, y como casi siempre, es el tiempo (climatológico), quien tiene la última palabra.

Mañana pues, saldremos con nuestras mochilas cargadas de ilusión y sueños, hacia esa cumbre que, casi todos los días, se oculta ante nuestros ojos.

Dado el comportamiento de esta montaña, tal vez sea pedir demasiado pero, 4 días para subir y 1 para descender, ésta es mi petición al Kutang  (la montaña del espíritu).

Luego, si mi organismo aguanta o no, ya es cosa mía. A nadie podré reprochar nada.

Sueño con alcanzar esta cima, eso es innegable, pero sobre todo, sueño con el momento de abrir mi teléfono satélite y escuchar, al otro lado, las voces de mi gente jadeando a ese chaval de Lumbier, con la voz entrecortada por la emoción, tras haber colocado la insignia de nuestro pueblo más allá de donde llegan los helicópteros, más allá de donde nacen los sueños.

El Manaslu es una montaña preciosa, creada para que el ser humano se encarame en su cumbre, de eso no me cabe ninguna duda. El valle de Sama se abre paso a sus pies, angosto, encajonado, abierto por el Bhudi Gandaki, en cuyo nacimiento me encuentro desde haca casi un mes.

Es este un lugar que despierta algo más que las fantasías de gloria y propia admiración, tan inequívocamente humanas. Aquí se materializan esos sueños ancestrales, atávicos, que han llevado al ser humano a encontrarse consigo mismo en los lugares más inhóspitos y crudos del Planeta.

Mañana comienza un nuevo episodio de aliento entrecortado, de emociones contenidas en la garganta, de maravillas naturales asomando tras cada pendiente de nieve, tras cada arista de hielo, y si consigo poner mis pies allí donde confluyen todas las líneas de la montaña…  sé como me sentiré. Por eso regreso una y otra vez a estos espacios sin fronteras, abiertos sin fin, a estas montañas que me hacen sentirme tan cerca de casa.

Amanecer luminoso en el C.B.

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