Quienes tenemos el gran privilegio de frecuentar el mundo de las expediciones a las grandes montañas del Planeta, nos las hemos tenido que ver, en más de una ocasión, con esa manera tan sui géneris (por no emplear palabras más gruesas) que tienen los Coreanos, de plantear y llevar a cabo las ascensión a estos colosos del Himalaya.

El espectáculo al que he asistido hoy día 26 de Abril, ha conseguido dejar en segundo término a las difíciles jornadas que acabo de sufrir abriendo ruta y montando el C.II a 6500m de altitud pero, a pesar de todo, quisiera ofreceros una corta reseña de cómo hemos alcanzado este campamento y luego me referiré al extraño acontecimiento de hoy.

Salimos Tente y yo del C.I abriendo una profunda huella que, a medida que ganamos altitud, acaba convirtiéndose en un surco que ha partido en dos la vertical de la pared Noreste del Manaslu. Ayudados en el último tramo por Oscar Cadiach, alcanzamos 7 horas después, y sumergidos en una densa niebla, el Campo  II.

En este campamento se encuentra a la espera, un Sherpa del grupo de Coreanos que hace dos días permanecen desaparecidos en la zona alta de la montaña al llevar a cabo un intento a cumbre.

Desde luego, cualquier otra climatología sería más aconsejable para intentar la cumbre de una montaña que está continuamente azotada por tan intensos vientos y sumergida en contínuas y contundentes nevadas.

De nuevo, Tente y yo volvemos a abrir un profundo surco cuesta abajo hasta el C.I, pues, durante la noche pasada en el C.II, no es que la huella que abrimos el día anterior haya desaparecido sino que, tiene encima otros 50 cm de nieve nueva.

Al llegar al C.B, todo el mundo está muy nerviosos y preocupado por el paradero de los alpinistas Coreanos y sus sherpas, en total 10 miembros. En medio de este nerviosismo y noticias contradictorias, amanece el día 26 de Abril.

Ya estoy despierto y fuera de mi tienda cuando, a eso de las 7:30h, el ruido de un helicóptero romper el silencio del C.B. Es un aparato pequeño, de color rojo y blanco. Tras posarse unos instantes en el C.B, inicia un rápido ascenso realizando amplios círculos sobre el glaciar del Manaslu. El día es excepcional, lo que permite las maniobras de acercamiento a la pared.

No doy crédito a lo que ven mis ojos cuando, en una maniobra de riesgo excepcional, veo al aparato posarse en medio de una gran nube de nieve polvo que se eleva en gigantescas espirales.

Tras unos instantes de incertidumbre, las espirales de nieve polvo vuelven a elevarse, lo que indica que el rescate ha sido un éxito e inicia el descenso.

El helicóptero se lanza en picado hacia el valle pasando por encima de nuestras cabezas. Un rescate a 6500m, con un metro de nieve polvo a lo largo y ancho de toda la pared Noreste Manaslu.

Todos quienes presenciamos este insólito y arriesgado rescate, estamos atónitos y grátamente impresionados con la pericia del piloto cuando, de nuevo se lanza directo hacia la pared. Está claro que allá arriba, hay más de una persona que necesita ayuda urgente.

Así, hasta en 4 ocasiones, vemos cómo el aparato se posa en lo alto llevando su aliento de vida a personas que, no hace falta estar allá arriba para saberlo, se encuentran al límite, deambulando entre la vida y la muerte.

Con cada descenso del helicóptero hacia el valle, me imagino la cara de la persona rescatada, el alivio tan grande que estará experimentando al ver como, de estar atrapado allá arriba, en las manos del imperio del hielo y el frío perpétuos y en un par de minutos, estar rodeado de árboles, de oxígeno… de vida, camino de la salvación.

A pesar del innegable éxito de los rescates que se acaban de llevar acabo, a dos miembros del grupo no se les ha podido rescatar y se les da definitívamente por desaparecidos.

Una combinación de mal tiempo, desorganización y riesgo temerario por parte del grupo coreano, ha dado como resultado este trágico desenlace.

Varios de los rescatados presentan severas congelaciones pero, allá arriba, a 7500m de altitud, se ha visto el cuerpo sin vida de uno de los malogrados  coreanos.

Todos nos quedamos con una extraña mezcla de sensaciones en el cuerpo. No cabe duda de que el rescate ha sido algo excepcional, probablemente único en la historia del alpinismo pero, dos personas han arriesgado más de lo debido…  como casi siempre.

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