Afortunádamente no todo el alpinismo que sucede ante nuestros ojos es el que, machacona y absurdamente, nos introducen embutido en una empalagosa salmuera de especias pasadas de fecha, desde los medios de comunicación.

Llevo viendo desde hace varios días ya a Rosa, alpinista Asturiana, sufrir en soledad, como sólo lo hacen las valientes, una dolencia discal que la tiene recluída en el  interior de su tienda casi las 24 horas del día. De vez en cuando sale ayudada de su inseparable Sherpa a dar un cortito paseo alrededor de su tienda de campaña. Una mano en la cintura y otra apoyada en el hombro de su inseparable valedor. Da pasos cortitos respirando con dificultad. Ni un solo mal gesto, ni una sola maldición sale de su boca. La entereza y dignidad con la que afronta esta difícil situación nos deja a todos sin palabras.

Hoy he ido a su tienda para invitarle a comer con nosotros. Me recibe con su permanente sonrisa y con su dulce voz. Está contenta porque ha notado una leve mejoría, no se si debido a la visita de un Lama que ha estado orando por ella, o a su tremenda fortaleza mental.

Nosotros, en plenitud de nuestras facultades, no hacemos otra cosa que quejarnos de la adversa climatología que nos tiene recluidos en el C.B. Sin opciones de “tirar para arriba”. Viendo a Rosa sobrellevar su dolencia con esa silenciosa dignidad de la que sólo son capaces mujeres tan especiales como ella, me deja cabizbajo y pensativo.

Se que en estos mismos momentos, otras mujeres cuya condición de Alpinistas brilla por su ausencia, están engrasando sus respectivas maquinarias mediáticas de manera indecente, en estas grandes montañas del Himalaya. Rosa, símplemente descansa en el interior de su tienda de campaña esperando recuperar la salud para poder empezar a disfrutar del Kutang, la montaña del espíritu.

Por cierto, llevamos casi medio mes en el C.B. Del Manaslu, ya hemos realizado varias salidas hacia los campos de altura, estamos expediciones de varios países del mundo y… todavía no ha venido nadie a nuestra tienda a pedirnos dinero ni nosotros hemos ido a la tienda de nadie a hacer lo propio. ¿Será que cuando en una montaña se reúnen “alpinistas”, todo es más fácil?.

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