Desde que llegáramos al Campo Base de Manaslu, allá por el lejano 9 de Abril, no ha hecho otra cosa que nevar. Suávemente, bien es verdad pero, a pocos a pocos, se hace montón.

Un par de días de apático trabajo, y el C.B. Del Manaslu queda lo suficiente digno como para ser habitado. Y digo apático porque, a pesar de no encontrarse a gran altitud, se haya a 4.850 m y  cualquier esfuerzo a esta altura, requiere de una dosis extra.

El primer día de trabajo en altura ha resultado, como ya imaginaba, duro de verdad. Las 4 horas que he invertido en alcanzar el C.I resultan, por el esfuerzo empleado, engañosas. Este campo se encuentra en un lugar privilegiado, a 5.700 m de altitud, dominando todo el valle por el que días atrás nos acercamos a esta magnífica montaña.

Hasta esta bella atalaya del Manaslu, nos hemos acercado un buen montón de alpinistas de las más diversas nacionalidades. Tras el alborotado trajín que supone montar un campo de altura, cavar plataformas en la pendiente de nieve, montar las tiendas, acomodase en su interior etc. todo ha quedado en silencio. Todo el mundo se ha marchado para el Base excepto Carlos Soria, Luis Carcavilla, Oscar Porras y yo.

Rápidamente nos metemos en el interior de nuestras tiendas dispuestos a pasar la 1ª noche en altura.

Lo que no imaginábamos es que, lo que pasaríamos serían 2 días con sus respectivas noches, sepultados literalmente bajo incesantes nevadas.

Durante las mañanas, el tiempo nos da una tregua y nos permite desenterrar las tiendas de las que apenas asoma la punta de su cúpula pero, al atardecer… ¡hay al atardecer!. El fogonazo de los relámpagos hace daño en los ojos incluso dentro de las tiendas de campaña y los truenos resuenan como si estuviéramos metidos dentro de un túnel.

El espectáculo audiovisual dura toda la noche, haciendo difícil conciliar el sueño.

Amanece el 14 de Abril. Está despejado y, a pesar de la gran cantidad de nieve acumulada durante estos dos días, no podemos quedarnos durante más tiempo en este lugar. La comida se ha acabado y las ganas de descansar bien y comer mejor que nos brinda el Campo Base, tira de nosotros hacia abajo con una fuerza a la que no oponemos ninguna resistencia.

Ahora estoy descansando en mi tienda del C.B. Me acabo de beber 1 litro de agua con Isostar de un trago y la bolsa de higos secos ya va en bueno. He hablado con casa y todo está bien y en orden. Me dispongo a abandonarme en brazos… de una buena siesta, no penséis mal. Y ahora que estoy tranquilo y relajado, me doy cuenta de algo que me deja los ojos abiertos mirando al fondo del valle: os echo de menos.

El C.I tras desenterrarlo de la diaria nevada nocturna

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