He encendido una barrita de incienso que años atrás compré en las coloridas calles de Thamel. Para darle un toque ambiental más contundente, he puesto a sonar en mi ordenador la canción “Resham Firiri”, y el milagro de los sonidos y los aromas ha hecho su efecto.

Nada es tan efectivo a la hora de rememorar esos momentos tan intensos vividos con anterioridad, como un sonido, un aroma. Todavía no he partido pero, ya me hallo paseando por las intrincadas callejuelas de Thamel, atiborradas de turistas, comerciantes y algún que otro montañero que se ha dejado caer por aquí, dispuesto a vivir uno de esos momentos únicos que quedarán grabados en su memoria para siempre.

No es este mi primer viaje a Nepal, de hecho, hace ya 9 años desde mi primera visita al pequeño París Asiático. He visto como, a pesar de pequeños cambios, sigue siendo ese país pobre entre los pobres, humilde de solemnidad y habitado, sobre todo en sus recónditas y aisladas aldeas de montaña, por gente a la que, quienes tenéis la paciencia de seguir mi Blog, habéis visto en alguna de mis proyecciones. Y es que Nepal, no solo engancha por su desbordante riqueza natural sino, por una riqueza humana que magnetiza.

Dentro de 7 días partiré de nuevo hacia esa cordillera de montañas que, hacen de Nepal, el país más elevado y singular del planeta.

Sé a ciencia cierta que ninguna de las montañas a las que dirigimos nuestros pasos, es escogida al azar. Todavía no he podido averiguar cual es el mecanismo que desencadena la fijación de un alpinista por el nombre y la silueta de una montaña. Qué es lo que nos impulsa a elegir una entre tantas. Pero no importa, tampoco me interesa saberlo. Solo sé que en esta ocasión el Manaslu se ha cruzado en mi camino. Es el pico Kutang (la montaña del espíritu) y desde ella, desde el Base o desde la cumbre, agradeceré el apoyo y el cariño con el que me tratáis. No hace falta escribir nombres.

La próxima vez que escriba en estas páginas, será ya desde Nepal. No hace falta desearlo, sé que voy a vivir situaciones especiales, de esas que recordaré cuando mi pequeño motor ya no de más de si. Espero tener la suficiente claridad de ideas como saber transmitiros lo que mis ojos, abiertos como los de un Cárabo, se disponen a ver.

Gracias

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