Lo cierto es que pasar todo un año en tierra (sin expedición), resulta, para quienes tenemos metido el veneno de las grandes montañas en las venas, tan desquiciante como lo pueda ser quedarse sin la Champions para un jugador del Madrid o del Barcelona.

En el 2008, entre mis dos Kangchenjungas, preparaba con ilusión una expedición súper ligera al Manaslu. Oscar Cadiach y yo. Dos hombres solos ante la inmensidad de la octava maravilla del Himalaya.

Pero no siempre las cosas salen como uno quiere, máxime cuando de trasladarse a la otra punta del mundo se trata, y esa bonita aventura descarriló antes de empezar a rodar.

Dos años después, habiendo dejado zanjada mi deuda con el Kangchen, el Manaslu se vuelve a cruzar en mi camino. Y en esas estamos.

Mis compañeros de expedición son dos jóvenes amigos con los que ya he compartido tienda, sufrimiento, montañas y alguna que otra cima en el gran Himalaya que nos cautiva.

Con Tente Lagunilla escalé el Makalu en el 2005, año del 50 aniversario de la primera ascensión a la 5ª montaña del Planeta. Ambos nos quedamos con la cara de marmol al ver como mi tienda del último campo altura, volaba hacia China empujada por vientos de más 150km/h. Con el jovencísimo Carlos Soria (a sus 70 Primaveras todavía sigue siendo un referente), coincidí en el Broad Peak en 2003 pero, sobre todo, recuerdo nuestra corta conversación en el Escalón Hillary el 23 de Mayo del 2001, fecha en la que ambos nos encaramos en el techo del mundo.

Ahora habrá que entrenar un poco más duro, pero no tanto y sobre todo, esperar que Tente se recupere del todo de la avería que se hizo escalando en el mes de Octubre y que Carlos siga siendo esa persona tan especial aunque, después de 70 años no creo que opte por cambiar.

Una  nueva aventura se abre camino entre las selvas del Norte del Nepal. Caminaremos expectantes hasta que el Manaslu nos ofrezca su característica silueta y, a partir de entonces, intentaremos vivir en ella suavemente, sin ruidos, discreta y elegantemente.

Pico Manaslu

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