Tras unas breves incursiones Otoñales en el Pirineo, ha llegado por fin, la hora de saborear la cordillera más bonita del Mundo en todo su esplendor Invernal.

Para comenzar la temporada de esquí de travesía, Fernando y yo hemos escogido un solitario y apartado valle de la vertiente Francesa: El angosto y solitario valle de Ruisseau du Gabarderetes. En él hemos ascendido una auténtica joya: el Pico Lurien (2826m).

Apenas clareaba el día cuando comenzamos la ascensión por las empinadas cuestas de un hayedo espectacular; con unos rincones que, sino fuese porque eran hayas, se diría que estamos en Nepal. Justo al salir del bosque nos calzamos los esquís. La nieve está bastante dura, lo que hace que nos coloquemos las cuchillas inmediatamente. El valle es tan angosto que el Sol no consigue entrar en todo el día. Esto significa que la nieve no transformó en toda la jornada. Alcanzamos la cabaña de Gabarderetes y las pendientes de nieve van adquiriendo más inclinación. Al colocarnos bajo el collado que une los picos Lurien y Arrious, nos quitamos los esquís pues, la fuerte pendiente está para uso exclusivo de crampones. Llegamos a la base de un gran paredón rocoso que salvamos por un estrecho corredor, apenas tapizado por una fina y dura capa de nieve. Al salir a la arista, el fuerte viento del Norte nos deja sin palabras…pues en un minuto, ya nos ha congelado los mentones. El frío en la cumbre es lo bastante contundente como para que nos lancemos para abajo con cajas destempladas. No oculto mi preocupación al calzarme los esquís pues, la nieve sigue estando muy dura. A pesar de todo, disfrutamos de un descenso tranquilo y sin trampas en la nieve.

Ascensión solo recomendada para quienes gustan de ascensiones solitarias. El silencio, y lo agreste de este rincón del Pirineo, hacen de esta montaña una joya de exquisita belleza.

Ascendiendo al Lurien con el Midi detrás

 

Patxi en la arista cimera del Lurien

Fernando y el Midi, menuda pareja

Midi D´osso

Patxi llegando al Lurien

Pico Arrious

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