Pamplona en el C.B.

Pamplona en C.B.

Parece que el Kangchen está agusto con nosotros, que no nos quiere dejar marchar. Solo así se explica esa manía, cuasi obsesiva, de ponérnoslo todo tan difícil a la hora de salir de sus amplios dominios.Cuando todo parecía finiquitado, que ya nos encontrábamos al “amparo” de la civilización, va y nos vuelve a pasar:

Los dos días en Suketar a la espera de la avioneta que nos devuelva a Katmandú se hace dura, tensa y angustiosa al ver cómo crecen las nubes y la niebla lo va invadiendo todo con su silencioso e inquietante manto. Pasang, nuestro gran Shirdar nos da la esperada noticia: “big problem, toumorrou no posible fligth”.

Así que no queda otro remedio que echarnos de nuevo a esos caminos intransitables para poder llegar a tiempo al vuelo que nos saque de Nepal.

Alquilamos un todoterreno en Suketar esa misma noche y a la 20:30h salimos para la ciudad de Byratnagar, en la frontera Sur de Nepal con la India.

A la hora de camino, rompemos un puente del chasis y la caja de cambios queda bloqueada. Poco después veo hacer ostentosos gestos al conductor con el pedal del freno. Afortunadamente el camino es tan criminal que impide que el cacharro con ruedas en el que nos han metido, continúe el solo para abajo. Pierde líquido de frenos como una de las cascadas que adornan este singular trayecto. Cuando se hace de día, para celebrarlo, comienzan a desprenderse barras de las ballestas como si de una baraja de cartas se tratara.

Cada valle que ascendemos nos cuesta un buen montón de horas, y otras tantas descenderlo por lado contrario; así sin solución de continuidad pues, Nepal y sus habitantes no llevan la palabra llano incorporada en su diccionario.

Cinco o seis paradas más para hacer reparaciones de emergencia en lo que, hay que reconocerlo, esta gente tiene una destreza e imaginación sin límites hasta que, todo un límite, incluso en este país. Cuando ya todo parece asentado y pisamos por fin terreno asfaltado, nuestro troncomovil cae de lado en medio de la carretera y comprobamos atónitos cual es el motivo: uno de los palieres se ha partido y se ha salido del coche con rueda y todo. El espectáculo nos deja tan atónitos que ya no podemos ni enfadarnos, bueno, lo cierto es que lo que no nos quedan son fuerzas para hacerlo.

En el mismo lugar de los hechos alquilamos un par de coches particulares y conseguimos por fin, 25 horas después de salir de Suketar, llegar a Byratnagar. Una duchita en el hotelito y un par de horas para descansar antes de coger el vuelo hacia Katmandú, bueno, para mi son menos pues, tengo que emplear una hora en quitarme la generosa barba que desadorna mi cara desde hace 2 meses.

Llegamos a Katmandú, claro que llegamos, alguna vez tenía que se pero, tal y como sospechábamos, lo hacemos tarde. El mostrador de PIA (compañía con la que volamos) ha cerrado, la puerta de embarque está también cerrada y asistimos boquiabiertos (una vez más) cómo nuestro avión despega.

Con los huesos molidos, y un cansancio que parece estar metido en el interior de todas y cada una de nuestras células, quedamos sentados sobre los petates respirando hondo. Por lo menos ahora tenemos cantidades ingentes de oxígeno y nuestros pulmones agradecen el detalle. Algo bueno tenía que haber en todo esto.

Pero bueno, ya estamos todos en casa, incluso los 4 compañeros que permanecían en el hospital de Zaragoza restañando sus heridas, han recibido el alta médica y también descansan junto a su gente.

Yo, de momento, dejaré pasar unos pocos días antes de hacer un pequeño (espero) resumen de lo que ha sido esta “enorme” expedición para mí. Dejaré que pasen esos días para comprobar que lo que se acumula en mi cabeza no ha sido fruto de un largo y profundo sueño. Que lo que he vivido durante estos dos meses ha sido real…ha sido uno de esos episodios que me mantienen vivo, cuerdo, con ganas de apurar una vez más esa copa de vino.

patxi

Patxi en C.B.

Patxi en la tienda del C.III

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