Al rebuscar en mi interior para averiguar las razones que me han traído aquí de nuevo, no puedo ocultar un extraño sentimiento de contradicción. Quisiera también ser frío y racional en mis manifestaciones pero, ¿qué quieren que les diga? No soy político, ni corredor de bolsa, ni empresario… No, soy simple y llanamente montañero; y cada vez que me acerco a una de estas colosales montañas me reafirmo más y más en ello.

Así que no sujetaré más las palabras que acuden a mi cabeza, porque aquí sólo estamos el Kangchenjunga y yo, y sólo cuento con el ánimo y apoyo de un reducido grupo de amigos, alguno de los cuales acabo de conocer, pero que ya me han dado muestras de su calidad y valía humana. Espero estar a su lado cuando el Kangchen concluya por arriba, cuando ya no quede un sólo paso más por ascender.

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